víctor gago
víctor gago
El deber cumplido
Despedida a lo cínico de Eduardo Zaplana, en plan chulazo de playa con cobertura en el móvil. Dice que se va "con la satisfacción del deber cumplido"; que ha ido de éxito en éxito y espera seguir así en su lati-puesto en Telefónica; que cierra una etapa y abandona por ahora la política porque "no quiero entorpecer" el nuevo proyecto de Rajoy; y, en este plan, qué bueno soy, lo bien que me sale la paella y cocinando, me doy una maña/ que no hay en España/ quien lo haga mejor.
Tremendo pájaro. Qué jeta broncilínea. Pero, a ver, palmito dorado, ¿Usted no iba para diputado raso?¿No firmó un contrato por cuatro años con los electores de Madrid, a los que pidió el voto el pasado 9 de marzo? ¿Qué ha sido de su humilde y abnegada postulación para diputado anónimo del mes? ¿En qué quedó su auto-estimada y locuaz probidad, buen hombre?
El "deber cumplido", dice. ¡Como no sea el "deber" del "haber" en la cuenta de resultados!
Este señor tan sonriente fue el portavoz del Gobierno que desplegó aquella frenética actividad suicida entre el 11 y el 14 de marzo de 2004. Esta percha del pijerío mendrugo fue el pedazo de liberal que enterró la intentona de reforma laboral de 2002 y le puso un piso a Cándido Méndez y otro a José María Fidalgo para que gritasen mejor y más fuerte contra el PP en las manifestaciones por el Prestige y la Guerra de Irak. Este mutante ultravioleta al que peina su podólogo es quien puso a Luis Fernández de presidente de TVE para acabar en bacanales cubanas como los 59 segundos con el señor Rodríguez Zapatero del pasado lunes, viscosos como 59 meses de diálogo y paz. El deber cumplido, dice. Sí, claro, el deber como comentarista de la SER durante los debates de los señores Rajoy y Zapatero en televisión.
Parlamentario mediocre y comunicador espantoso con esa sonrisa esculpida de villano de TBO o timador de tómbolas, al que Usted ni yo compraríamos un boleto para el sorteo de la cesta de navidad del Grupo Parlamentario, ¿de qué éxitos habla, aparte de mantener el poder en Valencia y perder el partido en cuanto salió de allí?
Pensó que haciendo concesiones a los sindicatos llegaría, por lo menos, a vicepresidente, y acabó balbuceando incongruencias en las largas noches que transcurrieron entre los atentados de Madrid y las Elecciones de 2004. Grandes éxitos reunidos.
Que Esperanza Aguirre lo considere una pérdida de talento y se le dediquen encendidos elogios en la Prensa y tal, indican hasta qué punto la derecha en España está pidiendo a gritos una visita de los adorables marcianitos de Mars Attack con sus pistolas de agua, para poder soltar una paloma de la paz cuando saluden a Mariano, a Soraya, a Espe y a Josemari. ¡Cuack, Cuack!
miércoles 30 de abril de 2008