Allí donde se instala lo humano nacen las orillas. Del lado de acá y del lado de allá. Dos orillas. Dos mundos. Dos personas que observan desde su lado y ven simplemente al otro como otro, el diferente, el extraño. Tender puentes es la única salida para un mundo salpicado de orillas. El puente como territorio de encuentro. Ese lugar donde el otro, al cruzarse con nosotros empieza a ser un prójimo. Las diferencias se anulan. Los puentes dejan de ser simples obras de ingeniería para convertirse en el lugar donde lo humano se encuentra con lo humano. Ahora, en esta ciudad expo (¿liada?), los puentes se multiplican; ¿pero alguien sabe hacia dónde nos llevan?