Tiempos de confusión
 
Sí, ya sé que esto ocurrió y ahora es otra cosa, ahora es el sueldo de Rajoy. Pero como no he tenido tiempo de comentar lo del café me permito saltarme a la torera las normas de la cultura de lo instantáneo (no sólo el café es soluble e instantáneo) y retroceder en el tiempo.
 
Estaba viendo el programa en el que, algo nunca visto, una serie de personas normalitas, como tú y como yo, le preguntaban al presidente del gobierno, J.L. Rodríguez Zapatero, y al escuchar la pregunta del café ya sabía cuál iba a ser la valoración política de ese acercamiento de la ciudadanía a sus políticos. El presi pillado. No sabía cuánto costaba un café. Notición. El País lo lleva a primera página con foto buscada (rebuscada) de Zapatero tomando un café. La persona que le hizo la pregunta convertido en algo así como héroe de una ciudadanía que desnudaba a sus políticos.
 
Tremendo. El presidente del gobierno no tiene ni idea de lo que cuesta un café en la calle. Qué manía la de los presidentes de gobierno de no salir, como cualquier funcionario público, a tomarse su cafelito.
 
Tremendo. Recordé algo que había leído. No me acuerdo del autor, pero sí de la idea: en las sociedades actuales los juicios, esa cosa que suponía un ejercicio de la razón desplegado en argumentos, se han convertido en opiniones. Los debates en tertulias. Los problemas de un país en que su presidente no tenga ni idea de lo que le cuesta el café. Terrible.
 
Y ahora imagino que si el programa continua, los elegidos para interpelar al personaje de turno buscando la pregunta del café o del salario. Por ejemplo: demostremos la escasa sensibilidad con los animales y preguntémosles a los rostros públicos cuánto cuesta vacunar a un perrito o qué cantidad de dinero se necesita para mantener a una tortuga.
martes 1 de mayo de 2007