...Aunque Simbad es un personaje mítico sus relatos están inspirados en los de los marineros omaníes de los principios del Islam...

Vidas contadas

 

    

    Esteva ha viajado a los lugares más remotos del planeta y se ha encontrado con que la globalización comunica al mundo entero, pero se ha perdido la curiosidad que da la extrañeza. “Antes dice– había curiosidad para indagar en la cultura y las costumbres de los viajeros occidentales: ahora, con la televisión e internet, ya creen saberlo todo de nosotros. En realidad se quedan con los estereotipos, al igual que los occidentales confirman en sus viajes los clichés que ya tenían antesde partir. La doble moral sobre Israel y Palestina y la guerra de Iraq hace que la gente me mire no con odio, sino con reticencia. Y yo no puedo ir dando explicaciones uno a uno, diciéndoles que no tengo nada que ver con Aznar o Bush”. Esas miradas de recelo son las mismas que los árabes encuentran entre nosotros que en estos últimos tiempos se han convertido en sospechosos.

 

    Ahora Esteva trabaja en la Isla de Socotra, en Yemen, un refugio natural, donde los terroríficos monzones provocan su aislamiento total durante casi ocho meses. Tanto, que tiene plantas endémicas y sus habitantes siguen hablando un idioma emparentado con el sabeo, la lengua de la antigua reina de Saba.

    

 

    Esta es su vocación: buscar mundos que se están yendo, la voz de los mayores, recuperar su memoria antes de que se extinga para siempre: “me da igual si lo que cuentan es verdad o no, lo que importa es cómo explican sus mitos, cómo escriben la historia a su manera”

Fue expulsado del país y regresó a Barcelona. Pepe Ribas le llamó para pilotar la segunda etapa de Ajoblanco y desde sus páginas (hasta 1993) Esteva fue pionero en difundir una nueva sensibilidad libre de clichés hacia los países del Tercer Mundo. Un poco por fatiga, otro poco por su impulso nómada, dejó la revista, y la Unesco le encargó un inventario de los caravensarais y madrazas del Atlas marroquí. Pero los libro que más impacto produjeron fueron Mil y una voces, en el que recoge conversacions con artistas e intelectuales árabes y Viaje al país de las almas, resultado de su larga estancia con la comunidad akán, retratando las ceremonias de iniciación animista. “Entré en gran empatía con la sacerdotisa, cabalgada por la diosa del agua y el rey de los cazadores, y me dejaron fotografiar todo el proceso. Dominan la farmacopea, los poderes de la música y el ritmo, y practican una sabiduría ancestral que les permite conocer una parte de sí mismos a la que sólo acceden cuando entran en trance. Yo no creo en los espíritus, claro, pero eso les ayuda a superar sus problemas”.

    Esteva, que sólo viaja cuando tiene un encargo o un proyecto que realizar, regresó en 2002 al mar Rojo y viajó a Omán y al África oriental, en busca de los árabes que navegaban por el Índico aprovechando los monzones para comerciar con sedas, marfiles o piedras preciosas. “Quise encontrar a los capitanes, ya retirados, de aquellos navíos, y logré entrar en su mundo, gente amable pero muy reservada, con una gran nostalgia. Eran los últimos protagonistas de una ruta muy antigua, que había llevado la civilización árabe por la costa africana. En Mombasa, por ejemplo, me encontré a un poeta fascinante, de lengua swahili, descendiente de los omaníes que se exiliaron allí el siglo XII, Cheij Ahmed Nabhany. Y todos ellos me contaron historias extraordinarias de un mundo que sólo existe ya en sus voces y en su memoria”.

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