Descansa en Dios
 
Uno de los errores que cometemos los legalistas es pensar que tenemos que deducir la voluntad de Dios mediante el estudio bíblico y después esforzarnos para llevarla a cabo.
 
En Filipenses 2:13 encontré el versículo que me abrió los ojos a lo que es el reposo de Dios: “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. Hasta que lo vi, yo intentaba primero fabricar el deseo (“el querer”) y luego dedicarme con todas mis fuerzas a cumplir (“el hacer”). Pero no es así como funciona. ¡Dios produce en mí! La iniciativa es de su Espíritu. Él produce en mí “las ganas” de hacer algo y después lo hace a través de mí. ¡Qué gozada! Lo mío es dejar que las manos del alfarero me moldeen como Él quiera. Mi parte es no resistir su obra en mí.
 
Cuando permitimos a Dios obrar en nosotros tanto el querer como el hacer, cambia toda nuestra perspectiva. A un legalista le cuesta mucho creer que “Dios es mucho más bueno conmigo de lo que me merezco”. Quizá sí que lo diga, pero no puede creerlo de corazón, porque va en contra de toda su filosofía de vida. Él cree de verdad que Dios es bueno con él, pero solo cuando se lo merece. Las bendiciones y la prosperidad las recibe a cambio de servir fielmente a Dios y no como un regalo.
 
A un legalista también le cuesta decir: “Tú me has hecho mucho más de lo que yo podría ser”. Cree que tiene que formarse él mismo. De nuevo, como los legalistas suelen ser sinceros, seguramente dirán que Dios les ha hecho lo que son, pero en sus corazones creen de verdad que son limitados espiritualmente por su propia sinceridad y esfuerzo. Recordemos que cuando en Lucas 18:11, 12 el fariseo oró, informando a Dios de que no era un ladrón, ni injusto ni adúltero y que ayunaba dos veces a la semana, y que daba diezmos de todo lo que ganaba, él también empezó su oración dando gracias a Dios pero no fue justificado.
 
Dios quiere hacer su obra en nosotros y a través de nosotros. En Juan 6:29 dice que la obra de Dios es creer en Jesús. Pablo lo recalca diciendo, “¿Qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda;  mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia”.1 Y sigue insistiendo en lo mismo unos capítulos después donde dice, “Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra”.2 
 
Esta obra de gracia no nos hace perezosos ni vagos, como temen los legalistas. “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra”.3 Las obras son el resultado de la gracia abundante de Dios en nuestras vidas.
 
En Efesios 2:10 dice que “somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. No decidimos nosotros lo que hemos de hacer; andamos en las obras que Dios ha preparado de antemano para nosotros.
 
 
 
1- Romanos 4:3-5 2- Romanos 11:6 3- 2 Corintios 9:8
21/11/2007