Libertad — Licencia
 
El artículo de la semana pasada asusta al legalista que hay en todos nosotros. Todos creemos que Dios nos ama incondicionalmente, no obstante cuando lo expresamos con palabras como “No hay nada que podemos hacer para que Dios nos ame menos”, ya no es meramente un concepto, sino una realidad arriesgada.
 
La licencia (que según la Real Academia es “abusiva libertad en decir u obrar”) es una posibilidad peligrosa. Las epístolas tratan con la misma dureza a los que buscan utilizar la libertad como ocasión para la carne1 como a los legalistas.
 
El legalismo no funciona. Esclaviza. Pero la ley de la libertad puede parecer aún más arriesgada todavía.
 
Tenemos las mismas metas que el legalista. Queremos agradar a Dios. Anhelamos ser santos. Deseamos ser útiles. Pero lo procuramos de forma totalmente distinta.
 
Un buen amigo mío — alguien a quien admiro por su compromiso con el Señor y su vida de adoración a Dios — me preguntó hace poco, “¿Qué diferencia hay entre el legalismo y la santidad?” Mi respuesta fue que todos deseamos la santidad para nuestras vidas, la cuestión es ¿cómo la conseguimos? ¿por el esfuerzo y la lucha? o ¿por medio del reposo?
 
Tenemos que defender nuestra libertad. Ya no estamos bajo la ley del pecado y la muerte2 sino bajo la ley de la libertad.3 Pablo nos advierte que los hay quien entra “para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud”.4 No entienden nuestra libertad y dan por hecho que lo que buscamos es vivir una vida carnal. Tenemos que estar “firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no [estar] otra vez sujetos al yugo de esclavitud”.5 Hay peligros reales y presentes que amenazan nuestro andar en el Espíritu. Los hay que te juzgarán por no someterte a preceptos como “no manejes, ni gustes, ni aun toques”6 cosas que  “tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo” pero son totalmente inútiles “contra los apetitos de la carne”.7
 
Hay muchísimo material en el Nuevo Testamento dedicado a estos dos sustitutos de la vida cristiana — el legalismo y la licencia. La verdadera ley de la libertad es en la que tenemos que perseverar.8
 
Así que estemos firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres.5 ¿Cómo? De nuevo la respuesta es andar en el el Espíritu. Ser sensible a Él. Vivir la vida en el Espíritu. “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay  LIBERTAD”.9
 
 
1- Gálatas 5:3; 1 Pedro 2:16;    2- Romanos 8:2    3- Santiago 1:25 4- Gálatas 2:4          5- Gálatas 5:1        6 6- Colosenses 2:22         7- Colosenses 2:23       8- Santiago 1:25       9- 2 Corintios 3:17
 
 
 
14/11/2007