Desde el principio de los tiempos Dios tuvo una buena amistad con Adán. Realmente, el Señor disfrutaba de esa comunión con él y de sus paseos diarios por el huerto.
Esta relación de amistad con el hombre es algo que a Dios le agradaba, y mucho. Pero... llegó el día más triste para Dios. Y perdió a su amigo —un amigo hecho a su imagen y semejanza—. “Adán, ¿dónde estás?”1 Esta es una pregunta que, aunque retórica, es muy triste. Dios buscaba a su amigo.
Proverbios 18:24 dice: “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo”. Jesús es muy amigable. Esto lo vemos por todas partes en los Evangelios: los niños se sentían cómodos con él.2 Fue “acusado” de ser amigo de publicanos y de pecadores. 3 Y la misma noche en que éste le traicionó, Jesús llamó a Judas “amigo”. 4
Quiero ser siervo de Dios, quiero conocer su voluntad y busco ser más como Él. Pero todo esto forma parte de un objetivo mayor: el llegar a ser amigo de Dios.
Pero si quiero ser su amigo —y esto es lo que más quiero en este mundo— yo tengo que mostrarme amigo. Y para ello tengo que pasar tiempo con Él, no para cumplir con una obligación o un compromiso, sino para fomentar esta amistad. Tengo que escucharle hablar a través de su Espíritu y de su Palabra. Y es que los amigos se escuchan, se tratan, comparten su vida.
Así que cuidaré y cultivaré esta amistad para que nada la enturbie. Eso significa que tendré que dejar de ser amigo del mundo. 5 Y ¿sabes? No me resultará tan difícil, porque mi amigo se lo merece (cuando elijo ser amigo de Dios el mundo pierde mucho de su atractivo).
Pongo mi vida voluntariamente por mi amigo. Y esto me resulta cada vez más fácil, porque como mi amigo que es, me dice: “No temas, yo te ayudo”. 6 Y: “Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos”. 7
Otra cosa que se me hace mucho más fácil desde que soy amigo de Dios es arrepentirme. He ofendido a Dios muchas veces, y, personalmente, me es más fácil pedir perdón a mi amigo que querer apaciguar a una divinidad indignada. También es más fácil recibir el perdón de un amigo y sentirme perdonado de verdad.
Un versículo que me encanta es Juan 15:15, “Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos”. No quiero meramente seguir su consejo, quiero saber lo que hace mi amigo y ¡hacerlo con Él!
Hace 37 años que me entregué al Señor, y ahora tengo más claro que nunca lo que quiero. Le he seguido y le he servido, pero lo que quiero de verdad es ser su amigo.
Proverbios 17:17 dice: “En todo tiempo ama el amigo”. Dios me ama en todo tiempo, y yo, como su amigo, quiero corresponderle. La transición que ocurre al pasar de siervo a amigo lo cambia todo. El siervo cumple órdenes; el amigo quiere complacer a su amigo.
Es mi amigo y le amo de verdad.
1- Génesis 3:9 2- Marcos 10:14 3- Mateo 11:19 4- Mateo 26:50
5- Santiago 4:4 6- Isaías 41:13 7- Juan 15:13