Autoridad Espiritual
 
Al final del sermón del monte hay un texto interesante que compara a Jesús con algunos de los legalistas de su día: los escribas. Dice  San Mateo que la gente admiraba a Jesús (la palabra griega “admirar” denota también sentir miedo), que estaban muy impresionados porque “les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas”.1
 
Los escribas (así como el legalista que hay en todos nosotros) pensaban que al predicar la Palabra, la autoridad que tiene la Palabra les sería transferida. Pero no engañaron a los oyentes. El público que escuchaba a los escribas aquel día tenía mucho respeto por la Palabra, pero reconocía la falta de autoridad de aquellos predicadores. Desgraciadamente, parece que esas personas se habían acostumbrado a escuchar la Palabra a través de maestros que no tenían autoridad. Por eso, cuando un día apareció Uno que predicaba la Palabra con autoridad, les dejó asombrados; incluso les asustó un poco..
 
El legalista que hay en nosotros pretende obtener autoridad gracias al mero hecho de predicar la Palabra. O quizás gracias a un título o una posición que tiene. Sin embargo, el verdadero ministerio viene cuando la Palabra autoritativa de Dios es compartida por un hombre o mujer de Dios con autoridad. En estos casos, hasta puede asustar a los oyentes..
 
¿De dónde viene esta verdadera autoridad personal? No viene ni de  títulos ni de posiciones. Yo creo en los profetas y también en los  apóstoles. Pero la gente no se deja engañar cuando alguien usa estos  títulos  pero predica sin autoridad.
 
Tampoco viene solamente de predicar la Palabra. La Palabra es  poderosa. Pero sin el Espíritu, es poderosa para matar.2 Exige  el cumplimiento total de la ley de Dios3 (lo cual es imposible al grado  que exige la Palabra). El Espíritu, sin embargo, no utiliza la Palabra para exigir  sino para ayudar a conocer el corazón de Dios.4
 
La autoridad espiritual viene de un estilo de vida. Hablando con sus  discipulos sobre cómo tener autoridad para echar un determinado demonio, Jesús  les dijo que necesitaban ayunar y orar.5 Sin embargo, Jesús no ayunó y no tenemos constancia de que  orase antes de echar fuera ese demonio. La oración y  el ayuno eran para Él parte de su estilo de vida  por lo que Él ya estaba preparado para aquel  momento. Muchos de nosotros ayunamos y oramos por un tema específico.  Pero el ayuno y oración como estilo de vida nos hará eficaces a tiempo y  fuera de tiempo.
 
Lo que busca la gente que nos escucha — sean cristianos o “pre- cristianos” — es un río de agua viva.6 Tienen sed y quieren agua. Y beberán cualquier agua que se les ofrezca. Ahora bien, si tenemosen nuestro ser  interior agua viva y se la damos, no volverán a tener sed.7 Y si es un río de agua viva, no solo un vaso o una jarra sino un fluir continuo, lo querrán.
 
Anda en el Espíritu.8 Ponte debajo del grifo. Mantén la oración y el  ayuno como estilo de vida. Dales el agua viva.
 
 
1- Mateo 7:28, 29 2- 2 Corintios 3:6 3- Santiago 2:10, 11 4- Gálatas 3:24; 2 Corintios 3:6 5- Mateo 17:21 6- Juan 7:38 7- Juan 4:14; 6:35 8- Gálatas 5:16
 
 
 
12/12/2007