3) Quiero ser agradecido
Una persona agradecida, por regla general, es humilde. Es más, una de las armas que yo uso para doblegar el orgullo en mi vida es expresar gratitud en voz alta por cosas que alguien hace por mí.
Como ministros — siervos — nosotros debemos ser los más agradecidos, porque si hay algo de valor en mi ministerio, ya sea en la predicación, en la consejería, en la enseñanza o incluso en la dirección que necesito para mi vida, es un autentico milagro de Dios, Cuánta verdad hay en el versículo que dice: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican”.1
Rick Joyner dijo una vez que si un pastor cree merecer el aplauso de la gente es como si el pollino que llevaba a Jesús el día de la Entrada Triunfal creyera que los “Hosannas” eran para él.
Pero de hecho: cuando nos permitimos recibir la gloria en el ministerio, nos convertimos en ladrones, ya que estamos apropiándonos de algo que no nos pertenece. No nos engañemos, estamos robando algo que solo pertenece a Dios.
El sentimiento de gratitud por algo que Dios u otro han hecho nace de un corazón humilde; y es que para poder dar gracias, primero tienes que ser capaz de reconocer que no eres autosuficiente, ni independiente, que necesitas ayuda.
Expresar gratitud a los demás también le cuesta a nuestro orgullo. Pero, ¿por qué nos cuesta tanto, sobre todo con nuestros seres más queridos? A todos nos gusta que se nos reconozca un esfuerzo especial que hayamos hecho, sea lo que sea.
Yo quiero que ser conocido en el cielo y en la tierra por ser una persona agradecida. Y es que es de bien (re)nacidos el ser agradecido…
4) Quiero llevar fruto en mi vida
Otro milagro. Obras, puedo hacer. Pero producir fruto requiere estar injertado en la vid.2 Si su savia no corre por mis venas, será imposible producir fruto alguno.
Dios espera de mí que dé fruto, y fruto en abundancia. 3
Que yo tenga el fruto del Espíritu depende mucho más del Espíritu que de mí (al fin y al cabo es su fruto). Yo solo tengo que estar injertado en la vid, y si hay una relación sana y constante con el Espíritu, su fruto estará presente en mi vida. Por otro lado, si su fruto no está presente, es que no tengo esa relación sana y constante con Él. Por mucho que me esfuerce, yo no puedo producir por mí mismo “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio”4 Esta lista no es como el buffet de un hotel de la costa, donde eliges lo que quieres; aquí debemos aspirar a tenerlo todo).
Yo quiero ser esa persona. Si soy tengo el fruto del Espíritu, seguro que produciré fruto digno del Señor: almas salvadas, vidas sanadas, consuelo para los afligidos, libertad para los cautivos.
1- Salmo 127:1 2- Juan 15:4,5 3- Juan 15:5, 8
4-Gálatas 5:23-24 5- Filipenses 4:13