Esperar a Dios
 
¡Para! ¡Frena! Siéntate y respira hondo. No corras. Despacio. ¿Por qué tanta prisa? Los años ya corren por sí solos — no hace falta que corramos también nosotros.
 
Esperar es algo que realmente nos cuesta. Hacer cola, escuchar la musiquilla en el teléfono mientras pasan nuestra llamada, esperar en el semáforo a un despistado que no se entera de que ya se ha puesto verde hace cinco segundos...
 
¿Qué haría Noé durante todo un año en el arca (¡y sin tele!)? 1 Los hijos de Israel no supieron esperar 40 días y 40 noches mientras el pastor recibía la Palabra de Dios, así que pusieron en su lugar al copastor 2. El rey Saúl esperó siete días a Samuel, y se precipitó porque el profeta llegaba “tarde”. 3 Y los corintios no podían esperarse unos a otros en sus ágapes. 4
 
En el cielo no cunde el pánico. (No consigo imaginar a Dios corriendo de un lado para otro, estresado porque tiene mucho que hacer en la tierra). Tampoco vemos a Jesús en los Evangelios andando siempre con prisa porque solo tenía tres años para llevar a cabo su ministerio.
 
Las prisas no son buenas. Las prisas suelen hacer que nos equivoquemos. Las prisas nos matan.
 
Dios dice: “Que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado”. 5 En otro sitio nos anima a que oremos por los que están en autoridad, para que “vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador”. 6
 
Cuando me dejo llevar por la corriente de este mundo, no puedo oír la voz de mi Señor. No me fijo en Él, sino en su ministerio. No queda tiempo para la meditación. (La palabra “meditación” causa risa en este frenético siglo. Sin embargo, todo el mundo la practica — pero al revés, de una forma negativa llamada “preocupación”).
 
Dios se asoma por la mañana a tu ventana. Viene saltando sobre los montes y brincando en los collados. 7 ¡Tiene ganas de verte!
 
Y ¿qué es lo que quiere que le da tanta alegría? ¿Quiere enseñarme algo trascendental? ¿Quiere corregirme una de mis (muchas) faltas? ¿Quiere darme instrucciones importantes para una tarea especial?
 
Pues, según Cantares capítulo 2, no. Lo que le ilusiona no es el deseo de comunicar ninguna de estas cosas. Según ese capítulo, lo que quiere es que vayamos con Él a escuchar a los pájaros y oler las flores. ¡Está tan enamorado que quiere estar con nosotros! 
 
Pero vamos a ver, Señor, sabes que soy un hombre muy ocupado. No tengo tiempo para escuchar pájaros y oler flores. Si tienes algo que decirme, adelante, pero si no, no tengo tiempo que perder, tengo que hacer tu obra.
 
Y hay días en los que seguro que se va triste porque le he roto el corazón. 8 ¡Yo, puedo romperle el corazón al mismo Rey de Gloria! Menos mal que le pido perdón y Él me perdona siempre. Dios tiene mucha paciencia conmigo.
 
Sin embargo, no quiero que tenga que tener tanta paciencia conmigo. Quiero ser mejor. Quiero tener la misma ilusión por verle a Él que Él tiene por verme a mí. Y cuando se asome a mi ventana para pedirme que vaya con Él, quiero levantarme de un salto, vestirme con alegría y salir con ilusión. La voz de mi Amado me ha llamado y ¡voy!
 
 
1- Génesis 7 y 8     2- Éxodo 32     3-I Samuel 13:8-10    
4- I Corintios 11:21    5- I Tesalonicenses 4:11    6- I Timoteo 2:2-3
7- Cantares 2:8     8- Cantares 5
07/03/2007