Uno de los mayores regalos que nos ha dado Dios es el fruto del Espíritu. Sí, es un regalo. ¿O acaso crees que hemos hecho algo para merecérnoslo? El fruto crece en nosotros porque hemos sido injertados en Él.
El legalista que hay en nosotros anhela fervientemente el fruto del Espíritu. No obstante, no puede disfrutarlo por su forma de ver el cristianismo. El fruto del Espíritu no se gana, sino que es resultado de una relación de amor.
Amor (ágape). Se refiere a un amor desinteresado. Es muy difícil para el legalista que hay en nosotros creer que le aman desinteresadamente. Como su cristianismo se basa en el rendimiento, cree que recibe solamente el amor que se merece. Cuando esta sometido y obediente, Dios le ama más. Cuando está rebelde o distraído, el amor es proporcionalmente menor.
Dado que cree que así es como ama Dios, es comprensible que también crea que se debe amar así. El legalista ve el amor incondicional como algo peligroso; por eso, no es extraño ver a madres que amenazan con dejar de amar a un niño si el comportamiento de la criatura no se corrige.
Desgraciadamente, el legalista que hay en nosotros intenta presionar de esta misma manera a Dios. Si Dios no cumple con nuestras expectativas, le castigamos, sea dejando de ir a la iglesia, dejando de orar, tomando el asunto en nuestras propias manos y solucionándolo a nuestra manera en vez de esperar en Él, etc. Así le demostramos que su comportamiento no ha sido aceptable. No sé si Jesús se ríe o llora ante esta conducta tan infantil.
Sin embargo, el gozo es una parte muy importante de la vida cristiana. “Nadie os quitará vuestro gozo” dijo Jesús.1 Tenemos gozo en la tribulación2 y gozo en la aflicción.3 “El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”.4 ¿Se puede llamar cristiana a una vida sin gozo? Sin embargo el legalista que hay en cada uno de nosotros menosprecia el gozo. La religión es algo muy serio dicen.
Y el tercero es paz. Espero que entendamos todos que Dios quiere que disfrutemos siempre de la paz. Paz por la mañana, paz por la tarde. En cada momento, paz. (Él es un buen Padre) El castigo de nuestra paz fue sobre Él5 (esto es, se llevó una paliza para que nosotros pudiéramos tener paz). ¿Hay alguna epístola en el Nuevo Testamento que no empiece con un deseo de que los lectores disfruten de la paz? No tiene nada que ver con las circunstancias de nuestras vidas6 pero, sí, tiene todo que ver con nuestra relación con Dios. Él es nuestra paz.7 Una falta de paz no es señal de que soy realista ni de que estoy tomando las cosas en serio. Es una falta de oración y fe.8 El ocuparse del Espíritu es vida y paz.9 No te jactes de tu estrés ni de tu preocupación. Debes preocuparte si estás preocupado. Jesús quiere que tengas paz.10
1- Juan 16:22 2- Santiago 1:2 3- 2 Corintios 12:10 4- Romanos 14:17 5- Isaías 53:5 6- Filipenses 4:7 7- Efesios 2:14 8- Filipenses 4:6,7 9- Romanos 8:6 10-Juan 16:33