Cuando miércoles le hace honor a su nombre
 
Casi las once de la mañana y mis párpados siguen hinchados, la barriga inflada, los pies adormilados, la piel de gallina, la garganta cerrada... mi deseo por la cama es más intenso que el de un par de amantes púberes y virginales, quiero tirarme y engurruñarme entre el edredón poliéster, hacer el amor con uno de mis ronquidos más sonoros y graves, y tener un climático REM. Y no. En cambio tendré que ir a la cocina y desenroscar la cafetera, sacar el café viejo, poner el nuevo, lavar mi taza gigante de los días de crisis, rebozarla de leche caliente con azúcar: menos leche, más café. Luego me sentaré de nuevo aquí. Y ahora sí me pondré las gafas, y mi miopía calibrada tras los lentes, me permitirá conectar el resto del mundo con mi cerebro. Pobre, él no tiene la culpa de nada, pero hoy necesito ponerlo a pensar.
miércoles 14 de mayo de 2008