martes 25 de marzo de 2008
 
Este miércoles 26 de marzo es nuestro aniversario con Debbie. Son ya 9 años de matrimonio (como pasa el tiempo!!!), que se han sentido que han volado. Sumando el tiempo de novios, llevamos ya 15 años de estar juntos, y es increíble cuando pienso que no nos hemos peleado ni cortado ni un día... o mejor dicho, no nos ha durado ni una noche ninguna discusión. Nunca cortamos ni jamás hablamos de divorcio, no me ha tocado dormir en el sofá ni ella ha tenido que dormir en la casa de su mamá. Por el contrario vivimos felices, sirviendo al Señor, con dos preciosos hijos.
Todavía no se que sorpresa le haré a mi esposa, pero siempre hacemos algo especial. Unos años nos hemos ido a celebrar con una cena especial o a un hotel. En otra oportunidad hicimos un viaje y otras veces ella me ha cocinado algo especial en la misma casa, la cual decora, y nos damos alguna tarjeta o un regalo. Pero siempre buscamos recordar lo que ha hecho el Señor con nosotros y honrarlo.
 
La mejor mujer de todas
Le agradezco a Dios por la mujer que Debbie es. Ella es única, la mejor de todas. Me atrajo su dulzura, su ternura y su pasión. Tiene un don con la gente que admiro mucho, y una empatía inigualable. Ella es capaz de llorar un minuto y reír el otro. Si escucha un testimonio se alegra con la persona, pero si se entera de una pena llora como que fuera ella misma. Me cautiva su sonrisa, sus gracias y sus ocurrencias. Es ingenua pero a la vez muy sabia. Es amorosa, servicial y generosa. Es muy fácil saber que va a pensar ella o cómo va a reaccionar, porque no se hace bolas. Si pudiera compararla a alguien en el Nuevo Testamento diría que es igual al apóstol Juan: en momento está recostado en el pecho del maestro y al siguiente quiere incendiar Samaria; vive como que fuera la amada del Señor y no hay algo que le pida que no se lo otorgue. Es llena de gracia ante Dios y tiene mucho favor con la gente.  
Admiro su compromiso conmigo y nuestro matrimonio. Desde el primer día de novios me hizo sentir muy seguro de lo que ella quería. Jamás ha tenido dudas ni pensamientos encontrados del amor que me tiene y es capaz de hacer lo que sea con tal de mantener la llama del amor vivo entre nosotros. Como madre es la mamá que todos hubiéramos deseado tener; ama a nuestros hijos y se dedica a educarlos y enseñarles del Señor. Busca darles lo mejor todo el tiempo y se dedica tiempo completo a ellos, además de enseñarles a ellos a amarme a mí y respetarme.
Es una gran predicadora, aunque nunca me deja escucharla. El Señor le habla muy fácilmente y transmite ese mensaje con mucho amor y mucha gracia. Tiene un agudo don profético y un gran poder en la intercesión. Está totalmente comprometida con la red y me acompaña y apoya en todo. Ama a cada discípulo como su propio hijo, y parece una madre con ellos, en sus consejos y regaños.
No he visto a nadie tener una transformación de vida después de recibir al Señor como lo vi en ella. Si te contara todo lo que ella era y hacía, no lo creerías. Las personas que le conocieron en esos días en el mundo se asombran de lo que el Señor ha hecho con ella. Y todo ese cambio lo ha hecho por amor a Dios y a mi. No hay cosa alguna que ella pueda decirme que hable más del amor que me tiene que esto, que ella es capaz de cambiar todo, cualquier cosa, con tal de ver este matrimonio exitoso.
Ella es un gran regalo. Dice la Biblia que el hombre que halla esposa halla el bien y encuentra la benevolencia del Señor. Con este regalo el Señor si se mandó!!! Pudo ver cuánto Dios es bueno conmigo al ver la mujer que me dio. Su benevolencia conmigo es grande en gran manera; de no ser así, no me habría dado a esta mujer tan maravillosa.
 
Recordado el día que todo inició
Nuestra boda fue un viernes en la noche. Yo así lo quería porque leí en la Biblia que el Señor celebrará sus bodas en la “Cena de las bodas del Cordero”, por lo que me dije “lo voy a imitar, voy a hacer lo mismo”. La ceremonia y la celebración fue en el Club Guatemala, en la zona 1, con bastantes invitados de nuestra familia y de los grupos. Recuerdo que desde que vi bajar a Debbie por las gradas hacia el altar comencé a llorar. Yo estaba conmovido de ver la fidelidad de Dios y su bondad al darme esa mujer tan bella y tan llena de su amor.
El pastor Cash fue quien ofició la ceremonia y nosotros con Debbie dimos unas palabras al final. Fue una boda bellísima. Nuestros familiares lloraban sin contenerse y la presencia del Señor descendió allí, lo que era lo más importante para nosotros. Luego hicimos una cena elegante para festejar la boda. Contratamos un grupo que tocó música instrumental de alabanza y adoración durante toda la velada, pues quería darle la gloria a Dios por ese regalo, y evitar el “chupe” y la “parranda” que seguramente hubieran armado algunos de nuestros familiares. Todos estaban contentos con la boda y todos nos expresaron que era totalmente nuevo y bello.
La boda fue el viernes justo antes de Semana Santa, por lo que tomamos esa semana y una más para la Luna de Miel. ¡Qué viaje! el mejor de todos. Imagínate lo ilusionados que estábamos después de 6 años de noviazgo guardándonos para este momento.... no contaré nada más, allí lo dejaré.
Por cuatro años y medio no pedimos bebé, ya que decidimos dedicarnos el uno al otro. ¡Qué buenos momentos fueron esos! Además el trabajo en la iglesia en esos tiempo era muy demandante y no quería estar alejado de mis hijos mucho tiempo, por lo que decidimos esperar a que todo se calmara. Luego nació Daniela y a los tres años Rodolfito. Todavía tenemos fuerzas para otro pequeño más, y quizás se nos cuele un cuarto por allí.
Estoy muy agradecido con el Señor por estos 9 años, y espero envejecer con ella. Anhelo ver nuestros nietos y ver cumplidos nuestros sueños juntos. El mayor de ellos, ver nuestra nación para Jesús.
 
 
 
 
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