domingo 2 de marzo de 2008
 
El viernes por la noche, en el accidente de un bus en el km 33 de la carretera a El Salvador, iba uno de nuestros discípulos, Anotnio Lucero, conocido mejor como Tony. El sufrió golpes muy fuertes en todo su cuerpo para luego morir esa misma noche de dos paros cardíacos en el hospital. Hoy Tony se encuentra con el Señor, en su presencia, en una felicidad y paz indescriptibles de la cual solo podemos soñar nosotros.
Tony iba en camino a Jutiapa a ver a sus padres y al mismo tiempo a recibir el carro que le iban a regalar, por el cual había creído en las últimas promesas de fe. Recibí la noticia en la madrugada del día sábado estando en Miami en un viaje junto al pastor, pero desde ese momento vino a mi mente y mi espíritu lo mucho que Tony significó para el Reino y para nosotros. Lo primero que puede decirle al Señor fue “se fue contigo uno de los mejores”.
Tuve el gusto de conocer a Tony y compartir con él varias veces. Digo el gusto, porque siempre fue una alegría verlo. Era sonriente, bromista, dispuesto y obediente. Si todos las personas fueran como él tendríamos una buena sociedad. Tony significó mucho para mi y para muchos.  Fue un joven siempre dispuesto a ayudar, ejemplar como discípulo en su entrega y esfuerzo, y también en su nobleza y obediencia, las cuales no tenían comparación.  Todo lo hacía con amor y con su sonrisa que lo caracterizaba.
Me ayudó mucho con las escenografías de la Iglesia, y fue artífice de la última que hicimos juntos, la de “El Romeo y la Julieta”. En muchas ocasiones nos desvelamos y hasta amanecimos juntos trabajando, y nunca lo vi perder esa sonrisa ni decir “NO” a algo. Sabia que podía contar con él en todo momento sin excusa alguna como de pocos puedo decir. Él hacía cualquier cosa que estuviera a su alcance para que todo estuviera terminado y con excelencia.
Tony es de la clase de discípulos que nos hizo sentir muy orgullosos como Pastores, que en muchas ocasiones nos llenó de sonrisas y satisfacciones. ¡Que bueno era verlo y confiar que él haría algo! Tuvo una vida de entrega hacia el Señor y la Iglesia.  Aunque el tiempo que vivió aquí con nosotros fue corto y la manera de despedirse no fue la que deseáramos, puedo decir que supo vivir su vida al máximo y aprovechar la oportunidad del tiempo que Dios le concedió.
El dijo unos días antes que estaba viviendo el mejor momento de su vida, en entrega, santidad y bendición. Recién acababa de completar sus doce y había cosechado el carro que deseaba.
El mismo Señor dijo que para El la muerte de sus santos es honrosa, así que en este momento que me toca entregar a Tony al cielo me siento tan honrado como pastor de entregarle al Señor a un cristiano como él. Te voy a extrañar hijo, pero es mi oración que tu vida haya inspirado a muchos a vivirla en servicio y sacrificio entero a Dios y que imiten tu ejemplo de fe, perseverancia y gozo. Y aunque corto el tiempo, lo que hiciste en él es suficiente para inspirar la vida entera de muchos hombres. Y recuerda que no es la cantidad de días que vivas lo que determina el éxito, sino como los viviste y lo que aportaste en ellos.
Así que puedo decirte las mismas palabras que de seguro has escuchado ya de El mismo: “bien hecho, siervo bueno y fiel, en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondrá. Ya has entrado en el gozo de tu Señor y has dejado un buen sabor en tu Pastor. Te amo Tony, y te veo pronto, cuando el Señor te recompense de tu obra, en las nubes del cielo, cuando Jesús vuelva por todos nosotros.”
 
 
 
 
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Recordando a Tony Lucero
 
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