La fidelidad y obediencia son fuente de toda bendición. Vive conforme Sus mandamientos para ser merecedor de Sus promesas.
El que respeta el “no” de Dios tendrá una vida de santidad. La palabra “no” es positiva. La decimos muchas veces a nuestros hijos para educarlos: “no toques, no seas malcriado, no pelees, no comas dulces”. Dios también la utiliza para guiar nuestra vida.
La respuesta al “no” es diferente en cada persona. Para unos es un desafío y para otros es una prohibición. Al ver un letrero que prohíbe estacionarse en cierto lugar, algunos obedecen y otro buscan la forma de transgredir la orden. Quienes cuestionan la autoridad arriesgan su vida espiritual.
Respetar las prohibiciones se aprende a temprana edad. A partir de los dos años, un niño desafía la firmeza de la autoridad. Entonces hacen berrinches para lograr lo que quieren. La disciplina y carácter de un hijo depende de los padres. Si deseas educar niños obedientes y respetuosos debes ser consistente en las reglas que les impongas porque siempre retarán la debilidad. El “no” siempre debe significar “no”. Así aprenderán que con Dios tampoco se puede negociar y que Sus mandamientos deben cumplirse. No te acerques al Señor con lloriqueos porque no lo convencerás y Su voluntad no cambiará. Aprende a pedirle como adulto obediente.
Los diez mandamientos
Nueve de ellos son prohibiciones muy claras. Si los pones por obra las bendiciones te seguirán y Dios te abrirá su buen tesoro en el cielo. El ató bendiciones a nuestra obediencia y no dependen de una oración sino de una acción. La sanidad, la salvación y el expulsar demonios son respuestas a una oración, pero hay otras bendiciones que no vienen orando sino actuando.
Deuteronomio 28:3-13 dice: Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir. Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti. Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da. Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos. Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán. Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar. Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado. Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas.
Todas esas bendiciones son consecuencia de la buena conducta, por eso dice la Biblia que el hacedor de la Palabra es el que recibe bendición. No significa que dejes de orar, sino que no utilices la oración como un amuleto que sustituya a la obediencia. Si llegas tarde y te vas temprano de la oficina, chismeas y además le gritas al jefe, no habrá oración que te salve del despido. Lo mismo sucede en cualquier ámbito. Si llegas tarde a la universidad, no entregas tareas y piensas que las únicas asignaturas que debes ganar son cafetería I, II y III, no existe oración que te de un título como profesional.
Para alcanzar las bendiciones que dependen de tu conducta es indispensable que conozcas lo que Dios prohíbe y lo que desea que hagas. Convierte los 10 mandamientos en tu norma de vida. No es posible que existan tantas promesas por cumplirlos y los ignores. Mi esposa y yo nos propusimos enseñarlos y practicarlos con nuestros hijos. Estos deben ser el parámetro que oriente tus acciones.
Deuteronomio 6:4-9 nos advierte: Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.
Repítelos una y otra vez para atarlos a tu corazón, Dios quiere que los tengamos presentes. A pesar de ello, cometemos el error de pensar que ya no tienen vigencia por formar parte del Antiguo Testamento y que fueron superados por la gracia que Jesucristo nos dio. Pero no es así, Él mismo dijo que no había venido a abolir la ley, sino a darle cumplimiento y que debíamos seguir las indicaciones letra por letra.
Primer mandamiento
Deuteronomio 5:6-7 dice: soy Jehová tu Dios, que te saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí.
El Señor es Dios y es al único que debes servir. No debes adorar dioses ajenos y tampoco servir a dos señores porque seguramente amarás a uno y aborrecerás al otro. Desde pequeños nos enseñaron que el primer mandamiento era: “amarás a Dios sobre todas las cosas”, pero el mandamiento correcto es: “lo amarás con todo tu corazón, alma, mente y cuerpo”. Debes amarlo con todo y sobre todo.
Además es importante comprender que amar es un mandamiento, no un sentimiento ni una decisión. No busques amor escuchando música o pensando en poemas, obedece el mandato, Dios te ordena que ames y respetes a tu cónyuge. Amar a Dios es un mandato.
Segundo mandamiento
Deuteronomio 5:8-10 recuerda: No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y que hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.
Muchos somos celosos, Dios también lo es. Además, advierte sobre su fuerza para recordarnos que no debemos ir detrás de otros ídolos. A pesar de la claridad de la Palabra, muchos se inclinan ante imágenes. En Santiago 4:5 dice que el Espíritu Santo te anhela celosamente y que no ames al mundo ni lo que hay en él. Adorar a Dios y estar ligado al mundo es como adulterar. Si tuvieras una novia que en su casa colecciona pósters de artistas guapos y también guarda la foto de su ex pareja seguramente te molestarías. Así como a las mujeres les enojaría que su esposo tuviera en la billetera la foto de su ex novia. Dios te pide que te deshagas de tus “ex” y que lo ames solamente a Él. Si buscas al mundo lo encontrarás y no te conviene. Irse de parranda tal vez no es malo. Tomarse una taza de café con otra mujer tampoco, incluso puedes estar hablando del Señor o de negocios, pero si tu esposa te ve, seguramente se molestará. Puedes provocar celos sin hacer nada malo. Deja de hacer cosas que provocan los celos de Dios. Por eso el apóstol Pablo decía: “todas las cosas me son lícitas pero no todas me convienen”.
Tercer mandamiento
Deuteronomio 5:11 recuerda: No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque Jehová no dará por inocente al que tome su nombre en vano.
Este es uno de los que más transgredimos. Decimos y hacemos muchas cosas en nombre de Dios. En una ocasión encontré a una mujer sentada a las puertas de la iglesia, le pregunté si podía ayudarla y me dijo que estaba allí porque Dios le había dicho que cierto pastor de Casa de Dios estaba destinado a ser su esposo. Le dije que eso no era posible porque ese pastor estaba casado, pero ella insistía en que Dios le había dicho semejante cosa.
En nombre de Dios han sucedido infinidad de cosas. La inquisición y las cruzadas por ejemplo, muchas guerras y atropellos se han iniciado porque hay personas que creen escuchar un mandato divino. El nombre de Dios es utilizado sin contemplación ni respeto, solamente como excusa para justificar objetivos humanos. Incluso en medio de la ira de una pelea conyugal nombramos a Dios. No uses el nombre de nadie en vano. En la iglesia, las personas utilizan la frase mágica: “el pastor Cash lo dijo” porque saben que están manejando la autoridad. Pasa también entre hermanos y en las oficinas porque si hablamos en nombre del padre o del jefe, sabemos que todos obedecerán. Aprende a tener carácter y habla por ti mismo sin utilizar otros nombres, mucho menos el de nuestro Señor. Es un pecado grave utilizar Su nombre para justificarte.
Cuarto mandamiento
Deuteronomio 5:12-15 advierte: Guardarás el día de reposo para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha mandado. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo a Jehová tu Dios; ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, para que descanse tu siervo y tu sierva como tú. Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo.
Para los judíos el día sagrado es el sábado. Era tan sagrado que incluso pretendían matar a Jesús por sanar enfermos ese día. Trabaja seis días y el séptimo dedícalo a Dios. No debes hacer nada más que descansar tu cuerpo, mente y espíritu para encontrarte con Él. El cansancio no debe ser excusa para dejar de ir a la iglesia. Incluso tu mente debe olvidarse del trabajo y concentrarse en honrarle. Abandonarte en su presencia durante ese día es la mejor expresión de la confianza que debes tenerle. Ni tus animales deben trabajar para que con distraigan tu atención. Dale su tiempo y espacio al Señor.