Entre las técnicas que se refieren a esta última categoría, han tomado un extraordinario desarrollo, durante nuestro siglo, como todos bien saben, el cine, la radio y la televisión (...)
MOTIVO DE LA ENCÍCLICA
Estos medios técnicos -que están, puede decirse, al alcance de cualquiera- ejercitan un extraordinario poder sobre el hombre, conduciendo "así al reino de la luz, de lo noble, de lo bello, como a los dominios de las tinieblas y de la depravación, gracias a ultrapotentes y desenfrenados instintos, según que el espectáculo ponga en evidencia y estimule los elementos de uno o de otro campo" (cfr. Sermo ad cultores cinematographicae artis ex Italia Romae congregatos) (...)
LA DIFUSIÓN DEL MAL
Considerando la finalidad tan elevada y noble de los medios técnicos de difusión, Nos preguntamos frecuentemente: ¨cómo es que también sirven para el mal? " Unde ergo habet zizania?" (Mt. 13, 27)
Ciertamente el mal moral no puede provenir de Dios, perfección absoluta, ni de las mismas técnicas que son dones suyos preciosos, sino solamente del abuso que de ellas hace el hombre, dotado de libertad, el cual perpetrándolo y difundiéndolo a sabiendas, se pone de parte del príncipe de las tinieblas y se hace enemigo de Dios: "Inimicus homo hoc fecit" (MT. 13, 28) (...)
ERRORES ACERCA DE LA LIBERTAD DE DIFUSIÓN
Pero es contrario a la doctrina cristiana y a las mismas superiores finalidades de las técnicas de difusión la actitud de quienes tratan de reservar el uso exclusivo de ellos para fines políticos y propagandísticos, o los consideran como un mero negocio económico.
Asimismo no se puede aceptar la teoría de los que a pesar de los desastres morales y materiales causados en el pasado por semejante doctrina, sostienen la llamada "libertad de expresión" no en el noble sentido indicado antes por Nos, sino como libertad para difundir sin ningún control todo lo que a uno se le antoje, aunque sea inmoral y peligroso para la fe y las buenas costumbres. (...)
CONTINUARÁ....
¡Esperamos sus comentarios, reflexiones y juicios sobre estos extractos de una Encíclica que fue escrita en el año 1957, por el Santo Padre Pio XII y que, a pesar de haber pasado ya 50 años, sigue aún vigente!