En pocos lugares podemos encontrar la figura de la oca de forma tan evidente como en Burgos. Parece ser que el tamaño y la evidencia de la representación, iba ligada a la seguridad que ofrecía la villa al caminante inmerso en las espirales del juego.
Por suerte, no hay frontera impermeable, y menos en una república imaginaria. Aún así, la policía autónoma vela por desenmascarar a oportunistas del coche de apoyo, aficionados al turismo de bajo precio, y demás sujetos amigos del atajo rodado.
De cojos y mentirosos
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... Y tiro porque me toca