moverse.
 
Trataré de ser breve.
Todo este asunto se dio porque así lo quiso Dios.
Comencé trabajando en la música en 1991, primero repartiendo agendas de rock, después en un sello independiente. Logré encargarme de las producciones locales, fui representante de grupos y después tuve injerencia en las decisiones de lo que la disquera firmaba. De ahí me fui a administrar un sello más pequeño y años mas tarde llegué a la televisión.
De las cosas que más me gustaban era la supervisión musical de películas. Los proyectos en los que me veía involucrado eran, por suerte quizá, los mejores.
No quisiera ponerme a hablar aquí sobre todo lo que hice y logré en aquel momento. En su época fue algo grande, llegué al punto de coordinar muchos proyectos importantes y en algún momento, perteneciendo a un corporativo de renombre...me corren.
 
Una mañana desperté sin nada. Me encontraba en casa sin un trabajo al cual acudir. Tenía deudas, había rentado un departamento en una buena colonia cercana a mi oficina.
Desde hacía mucho tiempo me hice aficionado a las computadoras y al diseño web. Entonces lo único que había era un proyecto de diseñar la página de Internet de una distribuidora de discos, cuyo propietario era uno de mis mejores amigos.
Por lo demás no estaba feliz. Sentía una profunda frustración por no haber llegado más lejos. Eran épocas extrañas. En ese momento tenía una novia que se desvivía por mi.
Un día sencillamente se me ocurrió decirle que lo que yo quería, era tener un perro. Qué más daba decir cualquier otra cosa. Era como un niño caprichoso, y eso de tener un perro tenía su justificación.
Durante bastante tiempo quise un perro. Sabía que para tenerlo se requería tiempo para poder dedicarle. En esos días, después del despido, el tiempo me sobraba.
 
Con la marcada insistencia de que quería un perro, una tarde recibí una llamada telefónica de mi novia. Me comentó que había una persona que le estaba ofreciendo un Schnauzer miniatura. Yo no sabía exactamente como era esa raza de perro y le pedí que esperara a que investigara qué era exactamente lo que le estaban ofreciendo. Inicialmente ella me preguntó qué raza de perro quería, ahora lo recuerdo y me sorprende lo que quería en ese entonces. No logro entender como es que de sobre todas las razas, más de 400, le dije a mi novia que quería un Scottish Terrier. Después de todo ahora que lo pienso, entre el que quería y el que a ella le habían ofrecido no había mucha diferencia, ambos eran de tamaño pequeño.
Esa tarde en que me llamó Roberta, salí de casa por alguna razón sin importancia, caminé y dos cuadras después en una esquina salió de unos matorrales un perro. Era una cosa pequeña que comenzó a ladrarme con fuerza, su ladrido era agudo, rayaba en la histeria. Detrás del perro apareció su dueño, un hombre de mi misma edad, una especie de ejecutivo de poca monta. La persona, con anteojos y chamarra de mezclilla, calmó a su perro y yo amigablemente trate de acercarse para tocarlo, era de noche y apenas podía distinguir algo que se me figuraba como un Schnauzer. El seudoyuppie ese, me confirmó que efectivamente se trataba de un Schnauzer. Cuando le pregunté sobre cómo era esa raza, él me contestó con todas las bondades que te puede decir alguien que antropomorfiza la raza de su mascota en un asunto personal: la raza es lo máximo.
Por la noche, cuando llegué a casa de Roberta le dije que quedaba descartada la opción del Schnauzer, que ya había investigado y que era un perro muy chico, ladraba desmesuradamente, no tenía personalidad...pinche perro mamón, vaya.
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