Que difícil es escribir cuando no sabes sobre que hablar, lo peor de no saber de qué hablar es que no tienes tema de conversación y cuando no tienes tema de conversación la gente se aburre de ti.
Es curioso esto de tener que estar siempre en el ojo del huracán para ser el mejor o simplemente tener a alguien con quien hablar. ¿No es paradójico tener que tener un tema de conversación para poder hablar con tu amigo cuando se supone que con una simple mirada todo debería empezar?
Buah, no se asusten o se sorprendan ni me hagan caso tan solo estoy dejando que mis dedos golpeen las teclas del portátil y den forma a las maquiavélicas ideas que cruzan de un lado para otro de mi mente, tan sólo es la madrugada de un viernes en la que no he bebido ni he fumado y en la que me siento despejado.
¡Oh! un viernes y no he salido, que sacrilegio el mío. Ya no podré ser féliz según el baremo del sector de la juventud dicharachera y fiestera, esos que quieren dominar la manada a base de tragos de vodka o cualquier otra sustancia estupefaciente. Pero según ciertos sectores sí que soy felliz, porque yo elegí el no salir y mi libertad ejercí; aquellos modernos/bohemios que pasan de todos porque ellos son más listos y más progres y no necesitan de la manada para sentirse realizado.
Nos engañamos a nosotros mismos y vivimos nuestras propias mentiras, no hoy no salgo porque... no tengo ganas de echarle imaginación. En todas las decisiones de nuestra vida, sean banales o importantes, siempre nos autoconvencemos de que esa decisión es la mejor. Vivimos en nuestra fantasía de que elegimos correctamente y que si el mundo choca contra nosotros pues seguro que el mundo se saltó el stop.
No se crean que escribo esto porque no salí, no, no es eso. Llevo casi tres meses en los que he olvidado el significado de la expresión estoy aburrido. Escribo esto porque estoy aprendiendo a escribir y me gusta pensar.
Vivimos con la idea de que el que triunfa laboralmente carace de vida personal y las familias felices son aquellas familias de minorías étnicas a las que lo único que le queda es el poder sonreír, y ahora es cuando entra en escena el revolucionario que todos llevamos dentro y sale la pregunta ¿por qué no conseguir ambas cosas? Ser el mejor en tu oficio sin dejar al lado tu vida personal: ¿por qué siempre hay que elegir?
Sencillamente porque quererlo todo es un suicidio y en la elección está el verdadero ejercicio de libertar del ser humano, pero no eligiendo a la tremenda; si no siendo consecuentes con nosotros mismos y nuestras decisiones. Sólo así, podremos conocernos un poquito a nosotros mismos.