el placer de lo cotidiano
 
 
Cuando uno no hace bien su trabajo sufre alguna consecuencias: los estudiantes van a septiembre, los obreros con suerte sólo reciben advertencias y los que no gozan de tal suerte van a a la calle o reciben una serie de recortes.
Pues hay una serie de señores que no han hecho bien sus deberes y se han quedado tan panchos; me refiero claro está, a nuestros queridos políticos.
 
¿Qué se puede sacar en claro cuando el pueblo renuncia a una de sus principales arma de lucha? Algunos lo achacan a la desidia social, otros a la falta de compromiso, muchos a que sólo reaccionamos cuando las cosas van mal, otros a la elección de la fecha y unos pocos culpamos a los que se ríen de nosotros.
 
Me acuerdo cuando Calleja (profesor de sociología) hacía el curso pasado la siguiente pregunta: ¿qué juventud está más comprometida con sus problemas; españoles o franceses? Calleja es un tío listo e hizo esa pregunta el lunes después de la fiesta de la primavera de Granada (aquel viernes cuando se retransmitió en directo un botellón, había una guerra de cifras en los medios y un intento de polémica cuando no había nada para polemizar) y lo comparaba con las movilizaciones estudiantiles de Francia.
Todos contestaron que por supuesto los franceses pero él defendió a los españoles y llevaba razón; cuando 40 000 estudiantes dejan sus quehaceres para irse a beber es porque algo no anda bien.
 
A lo que iba, cuando el pueblo renuncia a su derecho al voto es por algo. No valen excusas. Un buen político debe trasmitir confianza o total rechazo y cuando cumple esas características se traduce en votos y si no vota nadie es porque nadie valora vuestro trabajo.
 
No quiero hacer valoraciones individuales de cada partido porque  ellos mismos se bajan los pantalones y el futuro nos dirá si  puede salir algo bueno de la orgía que han montado estos de iu, psoe y pp.
 
lunes 19 de febrero de 2007
Políticos a septiembre