La cena:

encuentro de dos vidas (I)

 

                      

LILIANA ALZATE CUERVO. Universidad del Valle

y  DIEGO LEÓN GIRALDO. Periodista




“A Enrique y a Santiago, a Santiago y a Enrique, les debo muchas cosas que no sabría resumir.  Como personas concretas y como parte de un movimiento que quiso - que quiere - darle al escenario y al público un papel en la vida del país, liberando al teatro de ese triste destino de simple escapatoria del imaginario, de pecado oscuro e inocente o, aun peor, de pasatiempo intercambiable”

José Monleón


“Santa Barbara e são Jeronimo desleram para preguntar o que foi que aconteceu no reinado de Oxala”, Enrique Buenaventura lo dijo en medio de la cena, el martes 25 de marzo de 1997, como a las diez de la noche de uno de esos días de brisa cálida en Cali. “Oxalá es una entidad de candomblé brasilero, entidades son los dioses o espíritus: Oxum, Xangó, Yemayá; son una mezcla entre lo católico y lo africano”, explicó ‘El Maestro’ del TEC mientras tocaba el suelo y su frente pues acababa de hablar de su santo: Oxum. García, el otro ‘Maestro’ estaba en la cocina trayendo ‘El menú’ de la noche: verduras al estilo chino. La magia estaba servida y los convidados pasamos a manteles.


“Una ensalada es una obra de arte”, dijo una vez Pablo Picasso frente a un plato de verduras, en la costa española; por eso, en la cocina nuestros dos hombres también tienen puntos de encuentro, y porque la comida es más que un acto social para ellos, decidimos propiciar el diálogo no formal, entre cebollas y salsas, con los ingredientes necesarios y algunos whiskys de por medio. Para lograrlo nos citamos en Cali, en la casona de Pedro Rey, en el barrio San Fernando, respirando aroma de chiminangos y abanicados por el viento. La reunión se grabó en video y fue transmitida por la cadena de televisión nacional; mostrando un aspecto más humano de nuestros protagonistas y de su forma tan particular de relacionarse con los otros.


Los convidados fueron amigos muy cercanos y comunes de los dos; los pintores Pedro Alcántara y Diego Pombo; sus compañeras, las  fotógrafas Mónica Herrán y Beatriz Monsalve; Jacqueline Vidal, directora; los dueños de casa, Pedro Rey y su esposa Leonor Cortez; Lisímaco Núñez, actor del TEC; y Paquico Ordóñez, documentalista.


Esta idea metafórica de cómo se cruzan los dos tiempos se nos ocurrió hace años, durante una conversación amistosa y sin pretender apoyarse en base científica alguna. En lo que se refiere al encuentro de los dos ‘Maestros’ quisimos que fuera una experiencia trivial, elemental, ingenuamente evidente, para poder remitirnos a todo ese historial estético de la segunda parte del siglo teatral, representado en los dos hombres. El encuentro dio pie a una reconstrucción, parcial e inconclusa, de lo que ambos han implicado para el desarrollo de una dramaturgia nacional en Colombia, de modo que el lector encontrará entrelazados con “La cena”, reflexiones y documentos relacionados con dicho objetivo.


Enrique y Santiago tienen una relación de más de 30 años. El compadrazgo data desde la Universidad del Teatro de las Naciones, en París, donde se encontraron, en los años sesenta; luego vinieron muchos festivales, giras, talleres, intercambios entre sus respectivos grupos, luchas y peleas. Durante la cena intentamos que recordaran algunos de los momentos compartidos, sus viajes, la política, sus reflexiones. Pero la magnitud de su experiencia apabulló nuestra juventud y el listado de preguntas sobre los encuentros a través de sus vidas se llenó de respuestas y anécdotas imposibles de reunir en su totalidad. Ambos son hombres sin épocas ni fechas, que creen en el presente y no en datos biográficos. Confían en que su obra habla más que su vida y  por esta razón decidimos transcribir algunos de los momentos de la cena, aparentemente anecdóticos, pero que para nosotros y esperamos que para el lector, dan una idea del calibre de su humor y de la complejidad de su humanidad.


Fuerzas en Pugna

¿Cómo eran Santiago y Enrique cuando los conoció?

“Dos borrachos, dos borrachos que pelean y que siguen peleando. Son seres humanos deliciosos, les encanta tomar, comer bien, Enrique cocina muy bien, Santiago super bien y yo también. A Santiago le encanta bailar y a Enrique también.  Baila currulao, baila, toca el tambor.  Son chismosos, hablan de política, hablan de todo. Políticamente no sé en que están ahora, pero son como son y no van a traicionar la causa.” Entrevista a Jean Marie Binoche, en julio de 1997


A las 8 es la cita...

8:30 p.m.

Alcántara: ¿y cual es el menú?


Enrique:  como una obra mía ‘El menú’, que montó Santiago


Santiago:Yo recuerdo que cuando la dimos para el proletariado danés, un teatrico muy bonito que era de los obreros de allí de Copenhague... y vamos llegando, armamos la escenografía que era de esas cosas todas con pedazos de cajas viejas y todos los trapos aquellos de los limosneros y van entrando los obreros daneses, entonces nosotros dijimos, pero aquí nos trajeron  para presentar la obra a la clase obrera danesa y allí lo que hay son unos hippies, unos burgueses, unos tipos de túnicas, con aretes, pelo largo; el teatro tenía como divanes larguísimos, con cojines, y entraban los obreros todos divinos, rubios, barbudos. La clase obrera danesa era monísima, eso que nosotros les mostramos a los obreros era la prehistoria de allá de Dinamarca.

Nosotros empezamos a protestar: ‘pero si nos dijeron que era para presentar a los obreros’. Ellos son obreros, nos decían.  Y los tipos eran con los ojos así, al principio de la obra. Antes estaban reclinados en los divanes, con cojines, como los romanos acostados con las botellas en la mano, y empieza la obra...  y aquella mirada tierna de vikingos apagados que tenían, empiezan a abrir los ojos y a pararse así para ver aquella monstruosidad de obra, que era como el séptimo infierno de Dante; terminaron de ver la obra casi parados.


Alcántara: Pero la reacción del público en Finlandia, con ‘En la raya’, debe haber sido similar aunque fuera otra época.


Santiago:  Sí, claro, porque por más que en Europa uno encuentre gente durmiendo en los parques y borrachos en los subterráneos, gente muy jodida, de todas maneras, el tono general del vestuario, de la vida, de la piel, de todo eso... ellos no se pueden imaginar que haya gente así de degradada moral y físicamente como acá, como esos personajes. Tienen que ser cosas prehistóricas, como de bajos fondos de Gorki y cosas que ellos tienen en grabados del siglo pasado, ni siquiera en fotografías, eso no está consignado ni en fotografía, esos son daguerrotipos, grabados.


9:30 p.m.

Rey:  Ustedes se abrieron a Dinamarca en el 71, ahí fue cuando los conocí. Y después fue el encuentro con Luis Valdés, del teatro chicano, y después nos encontramos en México, ¿te acordás de los hermanos Godoy?


Enrique:         ¡Que casi nos matan...!


Alcántara:  De hambre y de joda...


Santiago:  Eran los dos hermanitos que eran los dueños del festival de la sala...


Enrique:  Eran como otros que conocemos.

                                     

              



   De izquierda a derecha Santiago García, Liliana Alzate, Enrique Buenaventura

   y Pedro Alcántara (1997) / Foto de Pedro Rey


El submarino

Santiago:  Ellos nos invitaron a México, hicimos una travesía. Casi nos vamos en submarino.


Enrique:  Ese fue el cuento cruel de Santiago que ustedes no conocen. El cuento es que llegamos nosotros a Panamá, después de una gira terrible por Centroamérica, durante la que casi nos morimos, de dictadura en dictadura, horrible; y entonces en Panamá ya no había manera de pasar, ya no había nada que hacer, ya habíamos terminado allá en Panamá y ¡buenas noches!.  Entonces nos fuimos Santiago y yo, a hablar con el Presidente de Panamá que era Omar Torrijos.  Entonces hablamos con Torrijos y volvimos para dar el informe. Santiago, con lo hp... que es, dijo:  “pues, estuvimos hablando con Torrijos y él nos ha hecho una propuesta que a mí me parece bastante viable, y es que nosotros salimos de aquí en unos submarinos individuales que se acaban de inventar los japoneses”. Santiago dio todos los detalles de esos submarinos.

Santiago: Es que estábamos en Panamá, no había carreteras, es el tapón del Darién, no había otra manera.


Jacqueline:  ¡Ay!, ese fue Santiago, complejo de Yago,  inventó eso, el nos estaba engañando a todos, estábamos con hambre, sin dormir y nos engañó a todos.


Santiago: Era verdad, además estaban fondeados en la orilla, había diez submarinos japoneses de un auxilio que les habían regalado a los panameños, había que firmar un contrato.  La única condición que puso Torrijos fue que firmáramos, que cada uno firmara un contrato con Panamá, de que el gobierno no se responsabilizaba de lo que le pudiera pasar a la persona en el submarino.


Jacqueline: Y nos mandaba uno por uno, el submarino era individual, porque eran unos submarinos chiquiticos en los que no cabía sino uno y el que lo iba a manejar.


Santiago:  El viaje era de Panamá a Buenaventura.


Alcántara:  Pero al fin que pasó con el submarino.


Santiago:  No, nada.


Alcántara:  Es que eran dos grupos y cada grupo tenía como catorce...


Jacqueline:  No, no, no, eran tres grupos por que había unos peruanos...


Santiago:  Al final nos consiguieron avión.


Enrique:       Pero había unos peruanos que eran tenaces.


Santiago:        Esos si querían montarse en el submarino.


Jacqueline:     Nos habían traído desde México hasta Panamá con hambre.


Enrique:      Pero es que allí no hay paso, no hay cómo pasar...


Santiago:     O en submarino o como hizo el ruso ese, en bicicleta. Que lo mataron en Urabá y que le iba a dar la vuelta al mundo. Claro que hubo una vez en la que no nos fue muy bien.


Jacqueline:  Mentira, en México siempre nos fue bien, demasiado bien, en México, aunque no fuera invitación oficial.  Algunas veces con presiones económicas y demás pero las tres veces siempre nos fue bien. Donde uno llega siente que hay una fusión con la cultura, con todo.  Suave, es una cultura suave.


Santiago:  ¿Juárez?


Jacqueline:  No, suave, suave, con equilibrio.


A la conversación subyacía una red de conexiones tras la superposición aparentemente aleatoria de los hechos. Recordemos que de sus intercambios más importantes salió la Creación Colectiva, el establecimiento de sedes propias e independientes y la construcción de un pensamiento teatral. Los dos ‘Maestros’ logran tener ahora, visto desde la perspectiva del tiempo, un sinnúmero de coincidencias tanto en su vida teatral como en algunos gustos personales. Sus intereses sobre varios autores como Peter Weiss, Chéjov, Quevedo y obviamente Bertold Brecht –que ha marcado la carrera de ambos-, permiten hacer algunas relaciones entre sus obras.



  1. (II)Segunda parte del artículo

 
KARPA  1.1    DISSIDENT  THEATRICALITIES,  VISUAL  ARTS  AND  CULTUREKARPA_1.htmlshapeimage_3_link_0

Parte del documental Encuentro de dos vidas de Diego León Giraldo y Liliana Alzate