Huyendo de los fastos del 92 decido coger carretera y manta y, en compañía de dos jugadoras de mi equipo (y sin embargo amigas, por lo menos entonces) dedicar un mesecito a recorrer buena parte de la vieja Europa. El viajito, con alojamiento en campings y un par de hoteles en Viena y Budapest y con mi Golf colorao como medio de transporte no tiene desperdicio. Vean, vean:
De momento, el 27 de Julio a las doce de la noche, partimos de Huelva hacia Punta Umbría donde nos despedimos de unos amigos (aparte de los que ya nos despidieron en Huelva un rato antes y de los que nos despidieron en la misma Punta Umbría el día anterior). Una vez despedidos, camino a Zaragoza, donde aprovechamos para hacer unas compras y ver a mi amiga Carmela, que amablemente nos da de comer, para seguir camino hasta la muy olímpica villa de Badalona, donde nuestro amigos Luis y Mª José nos alojan en ese horno en forma de ático que tenían. Nos acercamos al Olimpic a ver si sonaba la flauta y podíamos ver el USA-Alemania de basket, pero nada, claro. En cambio nos dejan entrar en el descanso y nos enseñan un poco aquello. Ambientazo olímpico por todo lo alto, si señor.
Muy de mañana y con una buena resaca a cuesta (por lo menos yo) nos largamos para Lausana (Suiza), segunda parada a orillas del Lago Leman. Al día siguiente partimos hacia la primea parada "seria" del viaje. Es decir el primer sitio donde estaremos unos días. Se trata de Vaduz, capital de Liechtenstein (que sitios más raros elegimos, ¿verdad?), para ello atravesamos literalmente los Alpes. En Vaduz nos quedamos un par de días, suficientes para verlo todo.
De Vaduz, rumbo a Salzburgo (Austria), cuna de Mozart. Para ello incluso atravesamos un cachito de Alemania. Allí nos quedamos tres días y nos recorrimos todo lo posible, incluso en bici, que es una ciudad muy preparada para eso, así como los alrededores. To mu bonito y mu curioso, incluso su curioso McDonald's que ya probamos. Aquí recibimos la penosa noticia de que Angola ha ganado de 20 a España en los JJ.OO. ¡Qué desastre! Con el paso de los años tiene su aquel que viviésemos el "angolazo" en Salzburgo.
Nada, pues caminito a la capital, o sea a Viena, dispuestos a pateárnosla en los cuatro días que allí estaremos. Y eso hacemos, si señor, agradeciendo no tener que montar y desmontar tienda, que pa eso nos quedamos en un hotel. ¡Que lujo! Pues eso, que lo vemos todo, catedral, catacumbas, Danubio, palacios, parques, norias, museos, calles y todo lo que se puso a nuestro alcance. Por supuesto, para comer McDonald's, que la pasta no sobraba precisamente. Y menos mal que le cogimos gusto a ir en tranvía sin billete, que si no todavía estaríamos andando por ahí.
Acabada Viena nos vamos al "extranjero de verdad", a pasar el "telón de acero (pero menos)", o sea para Hungría. Que hermoso país, que buenas gentes los húngaros. Para repetir, vamos. Primera parada, el Lago Balatón, una especie de Punta Umbría, pero en lago. Con sus playitas de arena y todo. Ahí establecemos la base para recorrernos los alrededores: Veszprem (famosa por su equipo de balonmano), Nagyavazsony y otros sitios de impronunciables nombres. Excelente cerveza del país, que todo hay que decirlo.
Luego tocaba Budapest, preciosa ciudad, que como todo el mundo sabe es la capital de Hungría y se formó al unirse las ciudades de Buda y Pest, a la sazón separadas por el río Danubio, que por aquí se llama Dunav o algo parecido. Aquí, aparte de recorrer todo lo recorrible, podemos comer por fin algo distinto de los botes y de los McDonald's, y por fin pruebo el plato nacional, el hígado de oca. Lo pruebo de todas las maneras, a la plancha, frito, relleno, en paté, empanado, guisado, etc. Excelente. Por cierto en pleno Danubio está la Isla Margarita (y no en Venezuela como creíamos), curioso sitio verde para el esparcimiento de la población local.
Y ahora ¿dónde vamos? Tras algunas dudas, tiramos para Venecia, acojonaitos con los precios italianos. Allí nos apalancamos en un hiper maxi camping que tenía literalmente de todo. En otros cuatro días nos recorrimos toda Venecia, incluido paseito en góndola desde luego, y haciendo un esfuerzo pecuniario, tomar un café en la plaza de San Marcos escuchando música en vivo. Lamentablemente vivo la amarga experiencia de ver la final olímpica de waterpolo, España-Italia, rodeado de italianos, y ... perdiendo.
Próximo destino: Montecarlo, y de camino paradita en Verona para verla aunque solo fuera por encima. Al final, solo el anfiteatro y el balcón de Julieta. Dos días en Montecarlo para que se nos pusieran los dientes largos viendo la pasta que allí se mueve, y del tirón para Andorra.
En Andorra, descansamos y gastamos la últimas pelas, para, por fin, coger el camino hasta Huelva, parando lo indispensable (o menos) y llegando con 700 pelas en los bolsillos y el depósito vacío. ¡Qué tino!