Pues nada, como le habíamos cogido el gusto, pues a repetir. En esta ocasión el compañero de viaje sería Enrique y viajaríamos en mi R-5 amarillo. El objetivo Dundee (Escocia), donde nuestro común amigo y compañero de viajes Jesús vivía con su encantadora esposa Carmen, puesto que estaba trabajando en la Universidad del lugar.
Esta vez apostamos por un viaje en barco desde Santander para llegar a Southampton. Yo no me enteré casi del viaje, porque iba "mu colocao" de Biodramina. Eso si, no me mareé nada, y no como los tíos que me encontraba tiraos por la cubierta. Ahí se nos pegó un chileno que casi nos busca un problema en la aduana. Y directitos a Dundee, donde, por fin, nos pudimos deshacer del chileno. Pasamos unos días espléndidos recorriendo Escocia enterita, guiados por Jesús y Carmen. Nos impresionó el Lago Ness, por su leyenda y su tamaño, la preciosa Edimburgo, los maravillosos pubs de los pueblecitos, el poderío del Mar del Norte, y los tremendos, apabullantes, enormes y fantásticos páramos escoceses.
Mención especial al numerito que montamos en el Lago Ness (ante la atónita mirada de propios extraños resguardados en el castillo) al botar el barquito de vela que me había regalado mi novia de entonces, Rosa Mari, para que surcara las tenebrosas aguas escocesas. El tormentón que nos cayó fué de órdago, nos pusimos pingando, y hasta el mástil del barco se rompió.
Llegado el momento de despedirnos de nuestros anfitriones, decidimos regresar por Calais hasta Ostende. Recorrimos Bélgica de lado a lado en un plis-plás, para llegar a Luxemburgo, donde echamos unos días. Susto grande al salir de un picnic pues me dio el despiste y estuve circulando por la izquierda un par de kilómetros, hasta que nos cruzamos con un coche conducido por un aterrorizado lugareño.
De Luxemburgo a Suiza, donde recorrimos pueblos que no conocía nadie y de los que ni siquiera me acuerdo. Después de reventar un par de ruedas y alojarnos en los albergues más raros, tiraos pa casita.
Y hay que ver como comen los guiris estos: se hacen sandwiches de judías blancas, los tíos. Y todavía nos miraban con caras raras cuando nos metíamos entre pecho y espalda el magnífico Cocido Serrano Andaluz de Sánchez Romero Carvajal, en oportunas latas de a kilo.