Estos poemas corresponden a un ramillete de versos sueltos, recogidos por casualidad por mi querida Madre y enviados por correo marítimo a Bloomfield, Nueva Jersey, en este trajín del duende el segundo paquete se extravió. Varios de ellos fueron adaptados al momento que yo vivía durante la revuelta que se llevó a cabo en la ciudad de Newark, donde fui testigo de la muerte y el dolor del desastre racial a lo largo de las avenidas Clinton y Springfield ubicadas entre Irvington y Newark durante los años sesenta.
Algunos editores de periódicos y revistas “hispanos” de Nueva Jersey rescataron varios de ellos, otros criticaron mi “literatura del silencio” que yo pensaba crear ; cuyos motivos fueron: la dificultad de editar y la de denunciar siendo estudiante del área y además, podría haber perdido mi trabajo y mi beca, entonces tuve que cambiar por la de dictar conferencias, amparado en lo que veía y con todo lo que se vivía durante los motines de Newark en 1967 cuando apareció el nombre de Ron Porambo, un joven periodista estadounidense a quien conocí en los estudios del Canal 13; él ya escribía para varios periódicos de Nueva York y Nueva Jersey. Ron sabía distinguir entre la verdad y la mentira profesional enredada en los hilos de la maldad y el compadrazgo socio-político de los años 60. Ron es autor del libro “No Cause for Indictment” -No hay causa para acusar-; páginas de punzante condenación a la corrupción, al racismo, a la pobreza, al desvío de las leyes y a la brutalidad institucional que fermentaba y se fomentaba en la Ciudad durante los motines de 1967.
Muchos de mis escritos fueron escondidos y no se llegaron a publicar por razones obvias, una de ellas , el ser extranjero recién llegado e inmiscuído en asuntos de política interna. Eso sí, páginas de estos ensayos se publicaron en periódicos universitarios y revistas del tiempo; además fueron leídos y explicados en radio WADO de NY y en el exterior, en una entrevista de Radio Puruhá en cadena radial en la ciudad de Riobamba-Ecuador. Donde durante esa audición, el profesor Tomás Oleas Carrazco y Walter Aldás Nieto supieron desglosar y comentar duramente la información que traía este documento que no se publicó jamás. Por eso se dice que este ensayo y la poesía fueron recortados y remendados a saltos . Las ráfagas de denuncia están fotografiadas en corto y son parte de esos instantes captados y escritos en CÓDIGOS. En cambio los MANSAJES quedaron eternizados junto con el momento hyppie que se respiraba en el ambiente enfermizo y cruel, para un joven que venía acostumbrado a la música, a la paz, al buen trato social, cultural y familiar de su solar andino.