Se acercaron lentamente reconociendo que esos huesos no eran de ningún animal prehistórico, se acercaron más y confirmaron que esos huesos tampoco eran de ninguna especie animal.
Excepto una.
Cuando los tuvieron delante se inclinaron, retiraron con sumo cuidado el polvo que los cubría y no había ninguna duda.
Un esqueleto humano.
Todavía tenia restos de tela en algunas partes, como de un uniforme militar, en la frente seca de la calavera, un agujero, quizás de un proyectil.
Una bala.
Bajaron la vista un poco más y cerca del pecho en lo poco que quedaba de uniforme, una insignia en oro, dos eses, pero con forma de rayo.
La “SS” nazi.
Siguieron bajando y retirando el polvo acumulado; y en el lugar que le correspondía al vientre cuando esta persona caminaba - o corría por su vida -, en ese mismo lugar.
Un puñado de diamantes.
El miedo se apodero de ambos y un sudor frío recorrió sus cuerpos, se miraron, se preguntaron si en miles de kilómetros desérticos tenía que cruzarse justo en sus caminos. Era un dinosaurio más de la historia de la humanidad, - pero no el que habían venido a buscar -. ¿Cómo llegó a miles de kilómetros de su tierra?, ¿Era lo que veían posible?, ¿Que hacía en este solitario, vasto e inexplorado lugar?.
La Patagonia.
... continuará...