Cincuenta Dromedarios
 
 
                                                                                       gritó en inglés pero a lo Tarzán, (recuerdan, yo Tarzán, tu Jane).
    -¿Queeeé?-, contestamos a coro con mi compañera.
    -Darte cincuenta camellos por señorita-, dirigiéndose exclusivamente a mí.
    -¡Ja!-, no entendimos, nos reímos y yo agregué, -ni por
cien -.
    -Cientoveinte, no más, estar muy flaca-, sentenció con cara de pocos amigos.
    Se nos borró la sonrisa de nuestras caras y pensamos que la oferta iba en serio.
    Un hombre, quizás descendiente de los Nabateos, quería comprar a mi amiga Georgina.
    ¡Qué locura!.
   ¿Era posible esto?.
   ¿Cuánto dinero serian cientoveinte camellos?, mucho dinero, ¿no?, pero en que estaba pensando.
     Me dirigí a ella y le dije en tono de broma:
   -A portarse bien, estoy pensando que hoy la cena la invitás vos, sino, te vendo-.
   -¡Ja, Ja¡-. Yo, no tengo precio, ni mí peso en oro.
    Intentamos seguir caminando, pero nos cortaron el paso aquel hombre y dos más jóvenes que se mantenían a sus espaldas.
    El asunto se estaba poniendo difícil, no lo entendíamos, ni hablábamos el mismo idioma.
    Nuestros nervios ya rozaban el miedo…”
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-Petra - Wadi Musa - Jordania-
 
   Muchos conocimos esta ciudad, por una de las películas de Indiana Jones, donde entra cabalgando, por un desfiladero entre las montañas y desemboca  abruptamente en una explanada de edificaciones en piedra color rosa, “Petra”.
    Lugar que  también podés descubrir de la misma manera, si te dirigís al desierto de Wadi Rum en Jordania, sitio donde se encuentra emplazada Petra, ciudad que fue de los Nabateos de origen árabe tres siglo antes de Cristo y fue destruida por Dios según nos cuenta la Biblia, e increíblemente redescubierta, solo, poco antes del 1900.
      Estas construcciones hechas llanamente en la piedra, aunque se asemejen a grandes palacios, no son más que tumbas, lo que nos recuerda que los más espectaculares monumentos fueron realizados para albergar a los muertos como las Pirámides en Egipto o el Taj Majal en India, por citar dos ejemplos.
     Para descubrir estas impactantes edificaciones, tenés que recorrer -a caballo, a camello o mejor a pie-, un pasadizo entre las montañas llamado “Siq”, son dos kilómetros de trayecto donde irás notando como desciende ya que sus laderas de rocas multicolor llegan hasta los 300 metros. Y justo donde esta galería se estrecha más, y menos te lo esperás, no solo llegás a la ciudad sino también a la más bella fachada la cual te dejará boquiabierto por un buen tiempo.
     Es que este “Tesoro” -bien llamado así- tiene más de 40 metros de alto y 30 de ancho y esta esculpido directamente en la montaña y su color rosado se acentúa a medida que le va dando la luz del sol.
     Te recomiendo que no gastes todas tus fotos porque si seguís caminando, te volverá a  llamar la atención la influencia romana en el anfiteatro destinado a más de dos mil personas, y también otras tantas maravillas pero con predominio griego.
     Si decidís acercarte a este lugar tanto para sentirte Indiana Jones en la Última Cruzada, como para conocer algo totalmente distinto o porque era la mejor oferta de tu agencia de viaje, recordá que este lugar… es único en el mundo.
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   “… entonces decidí abrazar a mi amiga y les dije con la mayor calma posible:
    -Es mi mujer no esta en venta-.
     Se miraron entre ellos, fruncieron el ceño y pronunciaron unas palabras, las cuales no entendimos, entonces señalaron nuestras manos, nuestros dedos y más precisamente el anular.
      Fueron muy claros, no hay anillo, no estamos casados.
   Conocían algo de nuestras costumbres o por lo menos esa, entonces quizás supieran que en occidente se puede convivir sin matrimonio, fue casi imposible de explicar, sobretodo cuando irrumpió un contingente de japoneses y sus camaritas.
   Cientos de ¡clic! ¡clic!, sonaron alrededor nuestro, y en cientos de fotos seguramente aparecimos, fuimos parte del paisaje, ya que ellos tres con sus típicas vestimentas árabes eran el complemento ideal para una foto perfecta.
   Nos quisimos ir con el grupo, con sonrisas y saludos, pero no, los que saludaron y rieron fueron los nipones  y agregaron unas reverencias mientras se alejaban sin nosotros.
  Entonces no se me ocurrió otra idea que besarla, y llevar mi mano a su vientre y con un movimiento indicarles que estaba embarazada. Abrieron más sus ojos, se miraron y dijeron:
    -¡ Nooo !-.
    -Siii, esperamos un bebé-, y la bese otra vez.
    Parece que la mentira dio resultado, protestaron, gesticularon, pero se calmaron, hasta pareció que se alegraban, sus rostros se aflojaron y Tarik,- así se llamaba el comprador -, se quitó una fina pulsera de oro, se la colocó en la palma de la mano de Georgina, se la cerró y la apretó bien fuerte con sus dos manos y con cara de pena dijo:
     -Occidente caerá, sentirlo mucho-, y sin más se retiraron.
     Gracias a Dios, -o mejor dicho Alá, ya que por esta zona Dios no tiene jurisdicción-, finalizó el susto y se convirtió en una anécdota, que recordamos cada vez que nos encontramos y le veo en su muñeca la pulsera de los cientoveinte dromedarios.”
 
                
          
                                                                                                                       César Lueiz
 
 
¡CINCUENTA DROMEDARIOS!,
 
 
المملكة الأردنّيّة الهاشميّة
 
Al-Mamlaka al-Urduniyya al-Hāshimiyya
 
Reino Hachemíta de Jordania
 
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“Twister, Twister”