‘Todo valor verdadero, tal como la belleza de la naturaleza o de una obra maestra de arte como la novena sinfonía de Beethoven, o el resplandor moral de una acto generoso de perdón, o de una fidelidad inamovible, todos esos valores que nos hablan de Dios y conmueven nuestros corazones, arrastran nuestro espíritu hacia el verdadero mundo de Dios, y gracias a ellos caen derribadas las barreras del orgullo, la egolatría y la autoafirmación, que nos aíslan y nos hacen mirar a nuestros semejantes desde el exterior como adversarios y competidores’
Dietrich Von Hildebrand
