dimensiones para lelas
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Dimensiones para lelas
El viernes por la noche salimos a despejarnos de encima la semana. Ya en un bar, con otras personas, y pasada una hora, más o menos, de: “y cómo has estado?”, ó “hace un buen que no te veía, donde estás ahorita?”, decido salir a fumar. Por suerte la vereda parece volverse un punto de encuentro plus para los que no podemos evitar meter el humo en medio de cualquier conversación, aunque ésta se trate de comentar el clima en Aguascalientes. Así es que cruzo la puerta y me instalo en una especie de banco rectangular que abarca el frente del local. A mi lado dos chicas hacen lo mismo, y hablan. Lejos de mí está considerarme una chusma, pero me hipnotizan las platicas ajenas, eso sí, siempre y cuando tengan su agregado fantástico o surrealista como la que escuché esta noche.
La de los rulos parecía muy consternada y casi no fumaba, sino que se limitaba a achicar la ceniza del cigarro haciendo girar la punta sobre un macetero que había al lado; la otra, una morocha de flequillo cortado a navaja, le clavaba los ojos como queriendo verle las córneas. Cuando me di cuenta de mi estupefacción, estaba tan metida en la conversación que ni siquiera noté que se había ido la luz:
La de los Rulos:
…no, no, acabábamos de coger hacía cinco minutos, me levanto para ir al baño y cuando vuelvo a la cama lo veo temblando, todo tapado, y cuando lo destapo para ver que tenía…
La morocha
Que?
La de los rulos
Era otro tipo!
La morocha:
Qué?, Quien?
La de los Rulos:
Martín, pendeja!
La morocha:
No mames, y que hiciste?
La de los Rulos:
Me cagué
La morocha:
Y luego?
La de los Rulos:
Empecé con lo que aprendimos con Adrián, y corté todo, dibujé un circulo arriba de la cama enseguida, con algo que tenía a la mano…
La morocha:
Pero te decía algo?…
Silencio. La de los rulos niega con la cabeza sin mirar a la morocha, la morocha frunce el seño, yo las miro a las dos y empiezo a dar pequeños pasitos con el culo para acercarme, y haciéndome la boluda olímpica reacomodo la cabeza en un ángulo que me permita filtrar solo la voz de la ahora novia de Martín y de su amiga, que pone la cara como si estuviera viendo un oso polar o un gremlin.
La de los Rulos:
No. Nada más temblaba. Pero después fue re loco porque yo estaba afuera del círculo y había una cosa como que me jalaba a entrar, un sentimiento como de angustia. Y ahí Martín, o este tipo, empezó a lloriquear como si fuera chiquito…
La morocha:
Gritaba?
La de los rulos:
No, no gritaba, como que lloraba bajito pero no paraba, como constante, no sé…
La morocha la mira con los ojos fuera de la orbita y no hace ningún esfuerzo por cerrar la boca y tragar la saliva que se le acumula en la mandíbula, totalmente abierta.
La de los Rulos:
Ahí me quise salir de la habitación muchas veces, y cada que cruzaba la puerta caía en el mismo cuarto, como en infinito, otra vez, y otra vez, y así todo el tiempo…
La de los rulos se da cuenta de que estoy escuchando y rápidamente me da la espalda, la morocha ahora cierra la boca y me registra, entonces me hago la boluda soñadora y como que analizo el cielo, o el árbol. No las miro. Tampoco quiero mirar los vidrios del bar porque son espejados y seguro una o las dos no se reflejan, cosa que no tiene nada que ver, pero la cultura cinematográfica hizo estragos con mi imaginación. Mierda!!, ya me asusté. Mi cabeza es como un culipatín, me siento y no hay quien me pare, “mejor me voy”. Me levanto despacito, busco la mirada cómplice de alguien, el de la entrada no, parece contador público y eso me da más miedo.
De espaldas a la charla que sigue por lo bajo, tengo esa sensación en la nuca de que me van a tocar el hombro, y cuando me de vuelta, las dos mujeres van a estar paradas en la vereda de enfrente, mirando, sin posibilidad alguna de haber podido hacer contacto físico conmigo. Se me salió el último tornillo, era previsible. Pero a punto de volver a mi mesa me paro en seco y pienso: “esta es mi primer historia fantástica real”, vaya contradicción, y de golpe, me emociono. Me siento como Mulder en los expedientes X, pero cagada en las patas; como la Tangina de Poltergeist, pero un poquito más alta. Sabía que en México había puertas dimensionales, o algo así, ya tengo toda una película armada en la cabeza, tengo que averiguar más, tengo que preguntarles, decirles que no quería escuchar pero que lo oí todo, soy más que Mulder, soy Johnny Deep dirigido por Roman Polansky. Estoy por darme vuelta y encararlas, pedirles que terminen lo que empezaron, giro sobre mi eje despacio, pasan dos o tres segundos que parecen una noche en vela, estoy casi de frente, a punto de hablar, tomo el impulso y con el aire en los pulmones para decir: “perdón, escuché que…” la de los rulos se adelanta:
La de los rulos
Me desperté toda contracturada y no pude ir a yoga…
La morocha
Que mal nena, eso es porque comiste algo pesado, yo siempre ceno All Bran y sueño re bonito.
La de los rulos
No, a mi el cereal me gusta en la mañana. Bueno… Que?, entramos?.
Se van. Constato que sí se reflejan en los vidrios de la entrada, están enteras y a ninguna le crece nada raro en la cabeza. Entonces derrotada, vuelvo a apoyarme en el banco… Nada.
Me siento el ser más estúpido de este mundo, ahora es mi mandíbula la que está llena de baba. Las puertas dimensionales y yo quedamos como a quince vodkas de distancia.
Con suerte y si me quedo acá sentada, tal vez alguien salga del bar y se cuente una de fantasmas.
miércoles 30 de abril de 2008
Con un pié de cada lado
Publicado por Anabel el 09/4/2008