El vaticano me da pánico
En cierto momento de la vida uno debería plantarse y optar por alguna de las siguientes opciones, a saber: “A”: Seguir el complicado camino de la neurosis, ó “B”: detenerse concienzudamente sobre la marcha y dejarse de joder con los quilombos psicológicos. Yo obviamente opté por la primera.
Ya es más que conocida por muchos amigos y psicólogos mi fobia al avión, que va!!, el avión es un engaño, lo que me da pánico es no estar yo montada en el asiento del piloto, y mandonear a toda la tripulación mientras manejo la nave a mi antojo, bajándola y subiéndola cuando se me cante. Por suerte, y gracias al nunca bien ponderado mercado farmacológico, algunos podemos catapultarnos dentro de un nirvana lounge accediendo a las tres milagrosas e inofensivas gotitas de Rivotril. Agradezco aquí a Roche y a la industria química por el clonazepam. No crean que hago apología de la droga, es simple gratitud.
Pero este episodio, aunque sí tiene que ver con el pánico no incluye aeromozas y comida recalentada sino más bien monjas martirizantes y hostias consagradas.
Roma, la Plaza San Pedro casi vacía, cuando esto sucede dejan que los turistas suban hasta la cúspide de la Basílica para poder deleitarse sin remordimientos de espíritu ni de carne, y por 11 euros, de la opulencia vaticana, esta es la opción “A” e incluye la comodidad del ascensor, o bien, si uno prefiere ser fiel al voto de pobreza puede optar por la opción “B”, o sea, subir por escaleras y ahorrarse 2 euros para el cafecito de al rato. Nosotros nos hicimos los maratonistas, porque de San Francisco de Asís no tenemos nada, y subimos a pié.
A un lado de la ventanilla de cobro hay un pequeño letrero que dice: “Precaución!, para acceder a la cúpula a pié deberá subir 570 escalones, si usted sufre alguna afección cardiaca ni lo intente”. Muy bien, me digo, mi corazón está en perfectas condiciones, lo que no está en perfectas condiciones es mi cerebro pero para subir unas mendigas escaleras no lo necesito, así que sin más detenimientos nos prestamos listos a subir, incluso sacamos una foto de la partida para confrontarla con nuestro mal estado físico cuando llegáramos arriba. Todo en orden, comenzamos el ascenso comentando datos arquitectónicos y jadeando el aire que se filtraba por una ventanita perdida cada 20 metros, “…ventanita perdida cada veinte metros…”, “…Jadeando aire…”, “…vamos subiendo…”, carajo!!, Estoy encerrada en un hueco!!, y de repente se materializa ante mí una visión: ¡Sigourney Weaver en la película Copycat!! (esa en la que no podía salir de su departamento porque le daba agorafobia). Sigourney: como te comprendo ahora!!, “Mantené la calma” , “mantené la calma”, me digo mientras empiezo a caminar como si tuviera sopapas en los pies. “Dios mío, acá me vengo a enterar que soy claustrofóbica?!!, me calmo, me calmo, yo controlo mi mente”, me repito constantemente, respiro profundo y en seguida tomo conciencia de que a mi derecha y cada tanto está la puerta del ascensor, entonces me tranquilizo un poco y sé que si me salgo de la vaina puedo llamarlo y aunque no haya pagado por el servicio, y a pesar de que mentir es un pecado capital y más acá adentro, puedo tranquilamente lanzarme sobre el buen ascensorista con cara de tener una hipoglucemia galopante y decirle: “¡Nene, Sacáme de acá porque sino te rompo todo el ascensor!!”_. Finalmente y debido a que mi cerebro ya está en total control de la situación gracias a la nueva estrategia, logro llegar a la primera instancia, listo, aquí me quedo, muy lindo el vaticano, vámonos, veámoslo de abajo, no entiendo la obsesión de la gente por ver todo desde arriba, esos aires de omnipotencia panorámica no son para mí.
Ya nos íbamos, yo ya estaba del otro lado, pero Alexis, que es capaz de tirarse de casi cualquier cosa que vuele o meterse en casi cualquier cosa que esté encerrada, no tiene mejor idea que ponerse creativo y hacerme otra propuesta: _“Subimos hasta el final?”_. (……) estos puntos suspensivos representan mis coordenadas cerebrales en ese momento. No sé cuando se me ocurrió pensar que yo estaba en dominio de mis facultades y podía subir hasta el final, pero aquí hago una reflexión conocida por todos: Cuando uno se enamora pierde la mitad de las facultades mentales idealizando a un otro imperfecto y la otra mitad tratando de hacer estúpidas hazañas con el fin de que dure la idealización, que el otro, que también hace boludeces, tiene por uno.
Otro letrero en la base de la segunda escalera advierte, nuevamente: “Precaución!, para subir hasta el final hay 375 escalones, si usted es cardíaco, bla, bla, bla…” . El detalle que hace la diferencia?: Ahora, no hay ascensor (…..) cerebro en blanco y ahí vamos.
Dentro de la diminuta, y por momentos inclinadísima escalera circular que conducía a la cúspide del emporio católico, que no tiene nada que envidiarle al Emporio Armani, cabía una sola alma, entre el espacio reducido y los quince japoneses que fungían como un tapón oriental a mis espaldas es fácil deducir que no me quedaba más remedio que continuar el ascenso porque por ahí no me podía volver a bajar, “ni modo que pase por encima de la comitiva del sushi”, pienso. Reconozco humildemente que iba controlando el asunto pero inevitablemente y de golpe se me aparece otra vez Sigourney Weaver!!, ahora con un gesto de advertencia en el rostro y un índice intimidante elevado hacia el cielo, automáticamente me doy vuelta y le digo a Alexis _ “No puedo seguir subiendo, me quiero bajar”_ “Pero que te pasa?”_ me dice, “Me pasa como a Sigouney weaver”_ le digo, entonces Alexis levanta una ceja y me pregunta _”Cómo, dónde está Sigourney weaver”_. “No importa”_ le digo, _”sacáme de acá, me quiero bajar”_ y me contesta_ “es que para bajar, hay que subir hasta arriba, dar la vuelta y usar la otra escalera, no ves que no hay espacio para salir por acá._ “ “…No hay espacio para salir… no hay espacio para salir…”, bien, me ahogo pero analizo rápidamente la situación, veamos: no veo la salida ni para arriba ni para abajo, estoy en una especie de útero religioso lo cual me trauma más que una novela de Thalía, presionada por una cohorte de orientales que sacan fotos de la nuca del que va adelante porque no hay más que fotografiar y porque nacieron con el dedo pegado al disparador, sin una puta ventana por la cual pueda gritar: Auxilio me tienen secuestrada!! y con Alexis todavía preguntándose si Sigourney weaver está haciendo el mismo tour que nosotros!!. Llanto de por medio empiezo a pensar que la única forma de bajar era subiendo, que ni siquiera traigo el Rivotril encima y que aunque Dios habite en el vaticano le cortaron la línea por falta de pago porque se gastaron todo en ponerlo en esa cúpula de mierda!. Y entonces… me acuerdo de Diego Dopaso, que cuando nos ponemos existenciales siempre me dice: “vos sos Dios!!” y ahí me viene una especie de iluminación cuántica que me propulsa por los escalones dejando atrás a los japoneses que a esa altura ya me habían fotografiado en todas las instancias emocionales posibles y como si yo fuera parte interactiva de la escalera.
Las fotos del exterior lo dicen todo, la cara hinchada por el llanto y la mirada desorbitada tratando de resolver el enigma: “de donde me viene toda esta podredumbre cerebral?!!”. Y entonces me acuerdo de la escuela primaria y de esas ilustraciones en el libro de catequesis con representaciones de túneles oscuros, donde al final, brilla una luz divina en la que el creador espera con un gesto de bondad pero con un índice elevado que indica advertencia, y donde el alma que asciende a los cielos atraviesa este tunel observando a todas las almas perdidas, que por no haberse acotado a la ley divina, quedan varadas en la oscura mitad del camino.
Ahora me pregunto: Quien está peor?, Yo?, o la Hermana Venilde, que me enseñaba esas fotos cuando mi sentido crítico recién se comenzaba a moldear?. Llego entonces a la conclusión de que a mi lo que me da miedo no es montarme a la cúpula del Vaticano, a mi lo que de verdad me da miedo es que, si las almas condenadas del tunel oscuro estaban ahí por pecadoras, quien me garantiza a mi que no me quede encerrada en una escalera?.
Saturday, February 16, 2008
Sigourney y Dopaso. Quién tiene la razón?
Para esto me hiciste subir??!!