Con un pie de cada lado.
Con un pie de cada lado.
Hace un par de semanas que ando con un humor de mierda, los que me conocen bien, pueden reconocer en mí la diferencia entre un humor de mierda 2.0 y uno 5.1, explicación que a continuación inhabilita el comentario: “No jodas, siempre tenés un humor de mierda”. He notado, cada vez más, que mi rango de susceptibilidad ha logrado incrementar su escala a niveles que pronto serán tema de conversación entre mis allegados en busca de una respuesta lógica o en busca de un internado donde depositarme. Y como si esto fuera poco, la distracción de la que soy presa, hace que todos los objetos capaces de colisionar con mi masa de 1.58 se materialicen delante mío cuando antes no estaban ahí, es decir: con todo me tropiezo, con todo me golpeo, todo tiro, y todo rompo. Pero mi estado de ánimo, que es un misterio desde hace dos semanas, dejó de serlo esta misma mañana. Después de batallar con cientos de hipótesis y teorías físicas y psicológicas, la respuesta se dio por si sola: ¡es innegable una visita a Buenos Aires!.
Para empezar me doy cuenta, no sin antes enojarme conmigo misma, que me resisto todo el tiempo a la melancolía, engañándome continuamente con frases tales como: “El hogar está donde uno construye su vida”, o por ejemplo, otra más estúpida todavía como: “No es maravilloso que pueda adoptar nuevas costumbres?”. Me traiciono todo el tiempo, y con mucho esfuerzo, tratando de encontrarle el lado amable a unos tacos de flor de calabaza, que a fuerzas de ser sincera, me saben igual que una puñalada en la vena aorta. Mientras me los como, por un lado mi expresión dice: “Es increíble la variedad gastronómica de este país”, pero por dentro, siento como se agarra con uñas y dientes una vieja amarga, a quien ningún argumento la convencerá jamás, de que no hay nada mejor que una milanesa con papas fritas.
Pero, a ver, si yo no quiero vivir en Buenos Aires, si acá construí en cuatro años más de lo que allá en veintiocho?!!. Entonces, al contrario de lo que una persona razonable concluiría, yo agarro todas mis posibles deducciones, y despechada, las miro con mi mejor cara de culo y las ignoro. No importan los argumentos, ni los ardides más elaborados, ni los falsos razonamientos: tengo una crisis melancólica del tamaño de una pizza de Cittadella (1) y ya no lo puedo ocultar.
Ahora miro hacia atrás y le encuentro sentido, si es posible que apañe tal término, a muchos comportamientos del tipo animal planet que he imitado con gran habilidad, como por ejemplo meterme en la cocina del Quilmes a explicarle al parrillero como se cocinan unas mollejas y no esa suela de zapato que me acababan de servir, y entonces, parada delante de la parrilla, le doy mi mejor discurso a un tipo con delantal que me mira desencajado y no tiene ni la menor idea de porqué una petisa enojada le grita revoleando una molleja cruda con la mano y diciéndole que preste atención.
Signo de que mi creciente nostalgia comenzó a hacer estragos es la cantidad de mates que he adquirido en el último mes, tengo tantos que ya no sé donde ponerlos, hasta a Alex, que se fue a filmar a Uruguay, le hice traer una matera, una bombilla (2) y otro mate, no son argentinos, es cierto, pero se vale la cercanía. Ya no tengo ni tiempo de curarlos pero me hago espacio a horas imposibles para quitar la yerba del que uso regularmente y como si estuviera cultivando orquídeas me avoco a la tarea de ponerlos a punto en grupo, y como si esto no bastara, me descubro, como quien le habla a las plantas, manteniendo una conversación unilateral con el mate de boca ancha, o con el chiquito de palo santo (3) que nunca se seca.
Ahora veo que a medida que el tiempo y los sentimientos se acumulan surgen en mí aún más extrañas conductas. No me gusta el fútbol, de hecho no entiendo nada, porque definitivamente no me interesa, pero cuando escuché que Boca Juniors estaba en México casi me confecciono una bandera para envolverme como tamal, pararme en la puerta del hotel donde se concentran los muchachos y corear canciones copiadas de internet porque no me sé ninguna. Si algo de dignidad me queda no lo hago, pero la dignidad no es un concepto que me preocupe por estos días. Del mismo modo, escuchar tango siempre me provocó cierta angustia, no sé, me ponía triste y melancólica, ahora me pongo triste y melancólica si no pongo en loop a Goyeneche (4) todo el día. Mis más allegados piensan que evidentemente no estoy en mis cabales porque me han escuchado adoptar expresiones tales como “Que tangazo!” o “El polaco era un grande” y cosas por el estilo.
Si de modales se trata, los he perdido todos. Hace una semana casi le arranco a una compañera de trabajo un chicle que estaba masticando porque el aroma me hizo acordar a los helados marca “Torpedo” que comía cuando era chica. Lo único que atinó a hacer la pobre fue regalarme el empaque para que sepa cuales comprarme, porque cuando me dijo que no le quedaban más de ese sabor la miré con cara de: “Soy capaz de hacerte una endoscopía y extirparte ese chicle!!”. En la misma línea, el fin de semana pasado le arrebaté el periódico “La Jornada” de las manos a Julia, otra compañera de trabajo, porque había una foto de Cristina Kirchner en la portada, me hubiese dado igual una foto de Pipo Pescador (5) , es argentino y punto. Como a los treinta segundos reaccioné y le devolví el diario con la misma sensación de quien encuentra un portafolios repleto de euros y lo entrega a las autoridades.
Está de más decir que lloro por cualquier comentario y/u objeto que se relacione con mi terruño. Cuando el otro día encontré unos bizcochitos de grasa que me trajo Pablo hace como un año, abrí el paquete y me metí uno en la boca, a los cinco minutos me di cuenta que no podía masticarlos, no solo porque estaban duros como una roca, sino también por aquella función fisiológica que se activa cuando uno llora y entonces la boca se llena de saliva pastosa y ya no se puede masticar nada, lo cual provocó que llore el triple, ahora por la nostalgia, por la imposiblidad de cerrar la boca y porque tuve que tirar los bizcochitos a la basura.
Soy totalmente consciente de que no quiero volver a vivir en Buenos Aires, que me fue y me fui muy mal y muy enojada con la celeste y blanca, que ya me acostumbré más al tono pausado y amable del habla mexicana y no a los gritos del kioskero (6) de la esquina, pero me pregunto con más frecuencia cada día dónde estoy parada, cómo voy a hacer para conciliar los dos mundos: el de los sándwichitos de miga y el de los chilaquiles verdes. Estaba tan cómoda en mi posición negadora de “ciudadana del mundo” que ni me di cuenta cuando fue que empecé a mirar la atroz programación de Telefé Internacional (7) con cariño.
Anoche soñé con la calle de la casa de mis abuelos, y resulta que en este sueño todo mi pasado estaba geográficamente dispuesto en la misma cuadra. La casa de mi madrina en Once (8), el consultorio de mi psiconalista en Palermo, la fábrica de mi abuelo en Pontevedra (9), y otros lugares más estaban acomodados en los mismos cien metros. Sucedía entonces que yo me iba de viaje a Nueva York a trabajar, y aunque estaba preocupada por el idioma y las costumbres igual me iba, pero cada vez que llegaba al aeropuerto, (porque se repetía varias veces la misma situación) me daba cuenta que me había olvidado todos mis documentos, entonces volvía una y otra vez a buscarlos, y cada vez caminaba exactamente por la misma cuadra, y cada vez veía como los personajes de mi historia estaban parados en el mismo lugar de siempre esperando que yo llegara.
Cuando me desperté y abrí los ojos solté la primer lágrima honesta de mi exilio.
Notas para México
(1)Citadella: Pizzería de la “colonia” de Ciudadela, donde se vendíá la pizza por metro. (Por lo menos cuando yo era chica)
(2)Bombilla: Popote para tomar mate. (No me hagan explicar cosas que ya me han visto usar)
(3)Palo Santo: Tipo de madera con la que se hacen mates.
(4)Goyeneche: Exitoso cantor de tango, muy reconocido por su calidad interpretativa y por su particular modo de colocar la voz. Le decían Polaco.
(5)Pipo Pescador: Cantautor Infantil argentino. (Una versión región 4 de Chabelo).
(6)Kioskero: Por lo general el propietario de la tienda de abarrotes.
(7)Telefe Internacional: Canal privado de Argentina cuya programación internacional es una nacada.
(8)Once, Palermo: Colonias de la Ciudad de Buenos Aires.
(9)Pontevedra: Delegación en la Provincia de Buenos Aires.
miércoles 9 de abril de 2008
Con un pié de cada lado
Publicado por Anabel el 09/4/2008