El derecho de pensar
Mirar telenovelas es un acto riesgoso que requiere de cierto entrenamiento para no perder el piso, pero mirar telenovelas de Televisa es un hecho terrorista para con la propia psiquis. Textos como: “Nunca odies a tu padre es peor haber crecido como yo, huérfana!”, ó “Durante todos estos años lo único que he hecho es amarte” siguen generando en una gran parte de la población femenina confusos parámetros de realidad que generan a su vez mayor adicción a su fuente. Son las telenovelas un sistema de control como la Matrix o el gran Hermano de George Orwell?
Analicemos un clásico:
El personaje principal femenino es inevitablemente una jovencita muy linda y agraciada, pero también muy pero muy pobre, llamada casi siempre Rosa María ó María del Mar ó Luz María, si una virgen le da el nombre mejor, la susodicha es huérfana obviamente, y ha sido criada por una mujer a la cual llama mamá, aunque ella sabe que no lo es, quien nunca le ha develado su origen ni su identidad porque según ella la quiere tanto que no la lastimaría jamás (...). Rosa María, pongámosle, a pesar de ser pobre como una rata y de saberse abandonada, canta todo el día como la estúpida de Blancanieves mientras limpia su cuartito de 2 x 2 y ayuda a su disque padre paralítico a mear, esto último le provoca una tremenda repulsión pero sabe que dicha actitud la catapultara a la diestra del señor todo poderoso. Con esta premisa, deducimos que la piba está destinada a tener una vida de histérica rencorosa, sostenida por una personalidad con tendencia a la negación y que resentirá a diario no saber nunca de donde carajos salió, pero no, ella es mas buena que Lassie atada.
Mensaje a la televidente: “Señora, aunque su vida sea una mierda usted igual cántese una de Palito Ortega, si es “La sonrisa de mamá” mejor, cuando usted canta se pone así de flaca, imagínese ahora todo lo que puede lograr si además de cantar lo hace mientras limpia como la buena de Rosa María, eh?!!”
A modo de presentación de los personajes Rosa María es instalada en la puerta de una parroquia, de donde obviamente es feligresa, a repartir estampitas, y a la salida de la misa de cinco se topa con nuestro personaje principal masculino llamado por lo general Carlos Alberto o Jorge Alberto o Esteban Alberto, siempre el segundo nombre es Alberto no sé porqué. Supongamos que Carlos Alberto llega en su convertible rojo super lujoso a esperar a su madre que sale del oratorio, donde la señora come santos pero que llegando a su casa o al country club caga demonios. La estrategia es variada, él la choca con el auto porque no la ve cruzando la calle ó ella le quiere vender una estampita y él se la acepta porque se encandila con sus ojos y después le dice que pase a cobrar por su mega empresa, o sino algo que a fuerzas genere un segundo encuentro. En esta instancia ella cree que él es un pedante pero ya se imagina que la embaraza de sextillizos, y él piensa que ella es un ángel hermoso pero que ni con limpiavidrios industrial podría arrancarle tanta mugre.
Mensaje a la televidente: “No deje de ir a misa, rece mucho, confiésele todos sus pecados al padre, cumpla con los 15 aves marías de castigo y no se olvide de dejar limosna, si lo hace con esmero quien le dice y hasta cambia a su “José modelo 56” por un “Alberto modelo 75”.
Luego llega el encuentro, Rosa María va a las oficinas centrales de la empresa familiar donde Carlos Alberto siempre es llamado, por una cohorte de secretarias mas putas que las palomas, como “Doctor”, nunca sabemos “Doctor” en qué pero suena importante y aspiracional. Ella se queda obnubilada con tanto lujo y luego de una conversación donde los dos claramente se sienten atraídos, pero separados por un muro social, ella se va. Ahora bien, al subir al ascensor se encuentra con la abuela del susodicho, que no es más que la dueña de todo lo que Carlos Alberto viste y calza, pero que es muy infeliz porque además de estar en silla de ruedas, sus hijos no la registran y porque cuando era joven cometió el pecado de dejar a su nietecita, hija de una relación prohibida, en manos de una total desconocida, porque seguro corría un riesgo mortal en esa familia de cuervos, y esto último no la deja vivir en paz. Este personaje siempre es un pan de dios y se encarga de hacer justicia justo al final de la novela y con su ultimo aliento de vida. Así es que Rosa María le ayuda apretar el botón del ascensor por que la vieja no alcanza y ésta agradecida y compasiva la contrata como empleada doméstica en su mansión de doble escalera central y fuente traída de Mykonos.
Mensaje a la televidente: “No pierda las esperanzas dona!!, la suerte está a la vuelta de la esquina o a la salida de cualquier oficina, su vida miserable puede cambiar en cualquier momento, de hecho, si limpia casas de gente adinerada, tiene chance de ahorrarse el paso del ascensor”
Rosa María llega a la Mansión Uribe Ayala ó Achaval Uriarte ó Alcázar Larreta (A.U. siempre suena mejor) y es ofendida, despreciada, vapuleada, humillada, menoscabada y mortificada por la arrogante y malvada novia de Carlos Alberto, pese a todo esto Rosa María sigue cante y cante como una demente mientras pasa el plumero por encima del jarrón dinastía Ming. Nuestra antagonista que casi siempre se llama Angélica o Elizabeth porque en general no lleva nombre compuesto, se da cuenta que Carlos Alberto le tira los perros a Rosa María, y ella, que tiene muchos planes, no va a perder la posibilidad, no de casarse con “Pipu” como le dice en la intimidad, sino de convertirse en dueña y señora del imperio Uriarte o Uribe o lo que sea, después de por supuesto deshacerse de la “vieja” que como dijimos, es la dueña de todo.
Mensaje a la televidente: “No se le ocurra ser mala señora, ya le dijimos que vaya a misa, que baje la cabeza cuando quiera rebelarse (la humildad es un don divino), que se ocupe de los suyos más que de usted misma porque algún día se lo van a retribuir, si usted decide escalar en la sociedad como lo hace Elizabeth, olvídese de Carlos Alberto y del convertible rojo”
Promediando la mitad de la emisión Rosa María se entera por una conversación que escucha en la cocina entre el jardinero y el ama de llaves, que ella es la hija del patrón, o sea el padre de Carlos Alberto, y de una sirvienta que trabajaba en la casa hace 23 años, lo cual pone a la idiota de Rosa María en crisis porque en lugar de alegrarse porque va a poder reclamar la herencia de arriba abajo se deprime porque Carlos Alberto, con quien ya lleva un largo historial de coqueteo o más bien histeriqueo, es su hermano, y si se lo coje es incesto. Por otra parte, y gracias a la bocona del ama de llaves, en cuatro o cinco capítulos Carlos Alberto se entera de esto y corre a contárselo a la abuela y así se entera toda la familia, lo cual pone a Rosa María en una nueva posición: distanciada ahora de su objeto de deseo, toma toda una serie de nuevas responsabilidades y se enfrenta ante el hecho ineludible de que en 20 capítulos más empiecen a llamarla “Doctora” a ella también al hacerse cargo de la empresa que le pertenece. No se sabe como pero en México estudian muy rápido.
Mensaje a la televidente: “Si usted es pobre pero buena, fea pero simpática e ignorante pero esperanzada lo más probable es que la vida la ponga en el lugar que le corresponde, ya adivinó?”
Casi al final de la novela se arma un pancho terrible, porque Elizabeth ya intentó infructuosamente de envenenar a la vieja cinco veces y las cinco veces Rosa María, que probaba la comida, terminó en el hospital con un cuadro de “Trauma multi polifacético”, (aunque haya sido envenenamiento siempre tienen traumas en la cabeza y están en coma un rato). Carlos Alberto, por su parte, es obligado a casarse con Elizabeth porque es un matrimonio arreglado pero no deja de ratonearse todas las noches con su hermana, no sin antes confesarse con el padrecito, que además lo vio crecer. Y a la vieja, que está por estirar la pata en cualquier momento, le da un delirio místico y se pasea por la casa vestida de Virgen de Guadalupe.
Mensaje a la televidente: “Todas las familias tienen lo suyo, mírese un momento y compare, no es terrible lo que le pasa a esta gente?. Ahora repita: Debo estar agradecida por la vida que me tocó, los ricos tienen muchos problemas que yo por suerte no tengo!!”
En el capítulo 370, esto siempre dependiendo del rating, la abuela recupera la cordura luego de haberse recluido en su cuarto por tres años. Rosa María ya tiene quince títulos y trabaja en la ONU rescatando niños afganos junto con Angelina Jolie, y el pobre Carlos Alberto, se entera después de mucho sufrir, que por suerte no es hijo de su padre, lo cual lo pone a una paja de distancia de proponerle matrimonio a su ex hermana. Rosa Maríá, que nunca claudicó en su amor y que se mantiene virgen, acepta, y luego de casarse convierte la mansión en un centro de salud para viejitos con problemas mentales. La penúltima escena es de Elizabeth recluida en una prisión para mujeres y rodeada por quince lesbianas que la atacan en las duchas, o en un manicomio, donde el enfermero de la guardia de la noche es un perverso sexual que le gustan las que dicen que no están locas. La última escena es de Rosa María y Carlos Alberto visitando el cementerio y dejando unas flores sobre la tumba de la abuela mientras sonríen y la recuerdan con alegría, Rosa María abraza a Carlos Alberto y se alejan juntos tarareando una de esas que cantaba ella cuando era pobre.
Aquí no hay mensaje a la televidente, aquí hay una contracción de mocos y espasmos de la susodicha mientras se repite una y otra vez que la vida es tomar las cosas como vienen, que algo de Elizabeth tendrá ella por tener que soportar tantas desgracias, pero que siempre, hay una Rosa María dispuesta a tomarla de la mano y transformar su vida, y si se pregunta cuándo le sucederá el cambio, se responde que la paciencia también es una virtud de las chicas buenas.
sábado 8 de marzo de 2008